Releyendo en esta primera mañana de septiembre mis suscripciones en el Reader de Google, me encontré con un artículo de hemeroteca de mayo pasado en el que el Diputado General de Bizkaia pedía al Lehendakari que se alejera del "fracasado" modelo socialista (el entrecomillado aparece en el propio artículo). Y al leer esa vieja cabecera saltó la chispa en mi mente: había olvidado comentar en este blog personal mi opinión sobre los grandes modelos económicos y especialmente, hacer una crítica feroz (ya lo adelanto) al "viejo" modelo neoliberal que aún estamos padeciendo, a la vez que proponía (que es lo difícil realmente) algunas ideas a aplicar lo más urgentemente posible.
Y es que esta ya larga crisis económica que venimos padeciendo ha tenido, tiene y tendrá muchos comentaristas, expertos economistas muchos de ellos, que intentan explicar su origen e incluso proponen medidas para salir de ella. Pero sí que echo de menos leer un buen artículo sobre el fracaso del modelo económico neoliberal. Tengo como un regusto amargo en la boca cuando observo cómo no se revisan los modelos económicos neoliberales, cómo no se critican en toda su dureza en los medios de comunicación, para decir a todo el que quiera escuchar que el libre mercado no existe en la práctica, que es un concepto de salón, académico si me lo permiten, con algunos ejemplos que pueden acercarse en alguna medida a su "ideal". Ni siquiera los mercados callejeros tienen ya garantizada la etiqueta de "libre".
Precisamente ayer mismo, viendo el programa de La Primera "Españoles en el mundo" oí un comentario a uno de los españoles que nos guían por la ciudad en la que viven que me impresionó. Hablaba el caballero de los mercados al aire libre de Kuala Lumpur y de la técnica del regateo. Nos confesó que todas las tiendas realmente eran del mismo propietario y que había un sistema de intercomunicadores entre los distintos vendedores "callejeros" a través del cual se pasaban "los precios" que habían ofertado al turista en cuestión, que inocentemente creía que recorriendo de parte a parte el mercado, negociando aquí y allá, conseguiría el mejor precio posible. En resumen, les engañaban...
Y es que nos engañan, a todos, yo al menos, me siento muy engañado con la política de liberalizaciones de los diferentes mercados que ha habido en las últimas dos décadas. Todavía recuerdo mi primera pequeña victoria sobre la poderosa Telefónica cuando en 1991 conseguí librarme del contrato de alquiler del terminal telefónico. Pero creo que fue la única o al menos no recuerdo que a la larga haya percibido algún beneficio para el consumidor. De hecho, si no fuera por el Tribunal para la Defensa de la Competencia, tanto el español como el comunitario, estaríamos absolutamente perdidos, dominados, esclavizados por las grandes compañías, por los nuevos "señores del mercado", parafraseando conceptos medievales, de aquella Edad Media tan oscura.
Para muestra vale un botón, un botón eléctrico por más señas. La liberalización del sector eléctrico ha resultado un auténtico fiasco para la mayoría de los pequeños consumidores. ¿Cómo van a organizarse miles y miles de ciudadanos para formar una cooperativa de consumo y negociar como un gran cliente? Aún estamos muy, muy lejos de ese momento. Mientras tanto, el ritmo de la liberalización lentamente nos ha alcanzado. Parecía que estaba lejos esa amenaza, pero ahora vemos como nuestra factura se complica de un modo increíble, con lecturas de contador estimadas, con una jerga ininteligible para la mayoría de la gente. Y lo digo yo, que tengo formación universitaria y me molesto en intentar comprender cada término, y hasta en hacer las cuentas para ver si no me han timado. Por ahora, parece, parece...que está todo bien, pero no me quiero ni imaginar qué haría si viera un error de digamos 10 euros en mi contra. ¿Cómo reclamar?¿A quién y dónde dirigirme?¿Merece la pena la pérdida de tiempo? Porque en los tiempos que vivimos, el tiempo es oro, así de claro, sin exageraciones. Me temo que seguramente lo dejaría estar, esperando a que el error no alcanzara ese límite que me forzara a "movilizarme" en busca de la corrección y devolución de lo que es mío. O peor aún, que de repente tuviera tiempo libre, que en los tiempos de crisis que vivimos significaría algo muy malo, muy malo para mí.
Pero volviendo al hilo del asunto, las liberalizaciones. Si seguimos repasándolas veremos que ninguna nos ha beneficiado, al consumidor final quiero decir. Empezando por los combustibles de locomoción, el gas butano, el teléfono, el móvil...Espejismos por aquí y por allá. Pero lo que más me sorprende es que aún haya personas que se empeñan en buscar la mejor oferta, que se creen lo que los vendedores de puerta en puerta les dicen sobre mágicas rebajas del 5% en su consumo si se cambian a su compañía. La letra pequeña del contrato...bueno, eso no lo lee nadie, empezando por los que tenemos algo de presbicia, y al poco tiempo, descubren que no han notado nada de rebaja. Yo siempre insisto en que la mejor rebaja en facturación es el ahorro en su consumo, pero eso no nos gusta oírlo en una época de consumismo desaforado.
Así que, resumiendo en lo más básico lo dicho hasta aquí, el modelo neoliberal no funciona para el consumidor final, el pequeño consumidor, aislado, sin enchufes, sin formación avanzada, sin tiempo material para investigar los mercados...en definitiva...el libre mercado no existe para ellos, mejor dicho, para nosotros, los pequeños consumidores. Por tanto, algo hay que hacer y algo tengo que proponer: RENACIONALIZAR todas las commodities, o en profano, la luz, el agua, el teléfono, ADSL, móvil, el butano, la gasolina, el gasóleo, los peajes de autopista...
Ahora bien, renacionalizar bien, pero cómo. Desde luego, si tenemos que luchar contra las poderosas multinacionales, no queda otra que poner enfrente a poderosos gobiernos, que al menos hayamos votado los ciudadanos. Situándonos en España, ni siquiera el Gobierno central, Gobierno de España como suele anunciarse ahora ( ya hablaremos del conflicto territorial en otro momento ) puede ser capaz de sustraerse a la presión inmensa de las multinacionales. Me queda un pequeño rayo de esperanza con la Unión Europea. El conflicto con Microsoft, su pulso de años, parece que tuvo un resultado favorable para el ciudadano, incluyendo unas cuantas fuertes multas que a todos nos alegraron.
Ya sé que algunos me dirán que los lobbies en Bruselas son también poderosos, pero al menos, hablando de lobbies y de su labor, sabemos que los habrá de todos los colores y objetivos, tanto de los favorables a las grandes empresas como de aquellos que defienden a los consumidores.
Por concretar aún más, mojándome como dirían algunos...propongo que se renacionalice el sector eléctrico y el de las telecomunicaciones, pero a nivel comunitario europeo. Dos grandes empresas comunitarias que presten el servicio de energía eléctrica y de telecomunicación a todos los consumidores europeos, controlada su gestión por la Comisión Europea y el Parlamento Europeo.
El plan de inversiones podría asegurarse económicamente y racionalizarse la ubicación de las plantas generadoras, y lo que empieza a ser más importante, asegurar el desarrollo y mantenimiento de la red de distribución o de las redes de telecomunicación. ¿No les parece absurdo que tengamos planes energéticos a nivel estatal en la Unión Europea, dando lugar a que en Francia apuesten por la energía nuclear a gran escala y a pocos kilómetros de la frontera, no podamos decir nada los que recibiríamos el escape radioactivo en caso de fallo de esas centrales? ¿Tiene sentido que los alemanes puedan pagar más caro el gas ruso, y los ucranianos en el medio del camino, con el gasoducto pasando por su territorio, corten el grifo diciendo que si no hay para ellos no hay para nadie? ¿Podemos seguir así mucho tiempo? ¿Tiene sentido que cada Estado nacional europeo tenga que buscarse la vida en el mercado mundial para conseguir petróleo barato...para asegurar su supervivencia?
Si hablamos de las telecomunicaciones, las grandes empresas como Telefónica y Vodafone, nos empieza a advertir de que la tarifa plana está en entredicho, que es insostenible económicamente para ellos. Nos la ofertan, nos la proponen como un gran avance, y luego...nadie es capaz de invertir en hardware, en instalaciones, para hacer sostenible el nuevo modelo social que nos han invitado a crear. Si es tan necesario, y yo así lo creo, tal vez, o casi seguramente, será el momento de pensar en retomar entre todos estas inversiones tan necesarias para el crecimiento y desarrollo económico y nacionalizarlas. Quizá una tasa especial por descargas masivas permita hacer más sostenible el modelo. Quien más use las descargas, más deberá contribuir a las arcas de Hacienda para que se invierta más en telecomunicaciones. Creo que nos mereceremos un ancho de banda de 200Megas como poco o incluso mil si me apuran...El falso libre mercado que los neoliberales nos indujeron a creer que existía nunca lo desarrollará, o no para los mercados secundarios de los que somos parte, queramos o no queramos aceptarlo.
O nos unimos como consumidores o no tenemos nada que decir ni influenciar. Y qué mejor manera que asociar consumidor con votante...la clave está por tanto en renacionalizar los mercados básicos para tener voz y voto.
Comentarios sobre nuestra sociedad, nuestros gobiernos y nuestras administraciones públicas.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
Impuestos y servicios públicos
Veníamos de París mi mujer y yo en el coche, ayer domingo, y comentábamos la diferencia enorme de precio de la gasolina sin plomo de 95 con respecto al que tenemos en España. Las colas cuando íbamos en el viaje de ida, antes de la frontera de Hendaya eran enormes, y con mi mala costumbre de no aguantar en una cola ( otro día hablaré sobre las colas ) decidí convencerme a mí mismo y también a mi mujer (porque el sobrecoste lo compartimos ) de no perder el tiempo y cruzar la frontera y repostar allí. "Total, por un par de euros en un depósito completo..." me dije y le dije. ¡¡Qué error!! Mi nula preparación del viaje me hizo ignorar una buena pregunta al oráculo "Google": precios de la gasolina en Francia. La respuesta me hubiera convencido de recargar a la altura de Zarauz y no apurar tanto. Nada menos que a 1,48 euros el litro. ¡Un 35% más caro que en España!
Y precisamente la reciente propuesta de "pensamiento" sobre la relación entre volumen de impuestos y calidad y extensión de los servicios públicos que nos ha hecho llegar con agosticidad manifiesta el ministro Blanco, me hace reflexionar sobre si realmente la regla de más impuestos, más y mejores servicios es válida. Indudablemente, alguien de izquierdas como yo debiera apostar por un sí rotundo, y lo es, pero, pero, pero...lo que he visto en Francia no me conduce a pensar que se pueda llegar a creer que es una regla proporcional. Para los que no estén duchos en Matemáticas, quiere decir la regla proporcional que a más impuestos mejores servicios, tanto por tanto. Según dicha regla, un 35% de impuestos más en combustibles, concretamente en el de la gasolina, debiera significar un 35% de inversión en carreteras francesas.
Pues bien, no creo que haya sido así mi experiencia, y eso que he realizado un viaje largo, de más de 1.800 km a través de Francia. Realmente no están mal, ni mucho menos, teniendo en cuenta además su sencilla orografía, con tachuelitas en el camino, tipo puerto de montaña de quinta categoría. Si hablamos de los túneles, ya es otra cosa. Está claro que no tienen muchos, prácticamente desde la frontera, el primer túnel que encontramos se situaba en la periferia de Paris, y en general están bastante mal iluminados. Dos equivocaciones en nuestro camino fueron debidas indudablemente a esa mala iluminación, la suciedad de los carteles y a lo reviradísimo del recorrido, con curvas pronunciadas en el interior de esos túneles. No es mi objetivo decir que en Francia las carreteras y autopistas son malas, al contrario, son buenas, pero no mejores que las de aquí.
Realmente lo que pretendo hacer ver y llevar a reflexión en el lector es la posible no existencia de esa regla proporcional entre volumen de impuestos y de servicios. Cuantos más años voy cumpliendo como funcionario y como ciudadano que paga impuestos, más me convenzo de la existencia de algún tipo de regla no proporcional, algo así como de saturación ( una asíntota para los matemáticos ), o como una nueva aplicación de la regla de Pareto del 80/20, de que las pequeñas mejoras conseguidas en los servicios públicos deben hacerse a costa de un incremento escandaloso de impuestos, al menos cuando la subida se realiza en un periodo corto, digamos de menos de 5 años.
Y aquí me introduciré en un área resbaladiza de la Política Fiscal: los impuestos especiales. Explicaré al lector por qué llego a este área. Si algo me molesta profundamente es conocer por los funcionarios dedicados a la recaudacion impositiva, a la inspección fiscal y similares, nos informen de que dejamos de recaudar un 25% de impuestos por fraude fiscal, por insolidaridad fiscal, por falta de control de los ingresos no declarados de un buen porcentaje de ciudadanos. Si tienes la "desgracia" de tener una nómina controlada por el fisco, el asalariado corriente, sea funcionario o trabajador del sector privado, pagas y pagas y vuelves a pagar: IRPF, IVA, donaciones, etc y etc. Y sin olvidar además los impuestos especiales. Todo acaba en las arcas de la Hacienda Pública, todo. No todos hemos puesto lo mismo en ese fondo común, pero todos utilizamos las carreteras y autopistas, tanto conductores de vehículos privados como el resto de ciudadanos a través del transporte de mercancías por carreteras o de autobuses o de ferrocarriles o de aeropuertos y puertos.
Es evidente que la inversión en redes de transporte da lugar a un salto considerable en el desarrollo de un país, de modo que no puede pararse ni en tiempos de crisis económica como en la que vivimos. Por tanto, si por una parte, la presión fiscal de los "nominados" empieza a ser inaguantable y por otra todos necesitamos y hacemos uso del bien público "redes de transporte público", propongo visualizar de un modo más claro para el ciudadano qué impuestos se destinan al mantenimiento y desarrollo de esa red de transporte. Por ejemplo, obligando a dejar claro en la nota de pago de gasolina o de los billetes de autobús o ferrocarril, cuánto ha sido de IVA y cuánto de impuesto especial de hidrocarburos, que más bien cambiaría de nombre y concepto a "impuesto especial para redes de carreteras y transporte público". Al menos éste, lo pagamos todos. Cuanto más usemos la red, más pagaremos, y por tanto, más fondos públicos habrá para ampliarlas y mejorarlas. Pero entre todos los usuarios. Es más, tal vez debiéramos ir pensando en una tasa o precio público por utilizar el vehículo privado en las carreteras públicas, parecido a la tasa de transporte, que está graduada en función del ámbito territorial: local, provincial o nacional. Ya sé que sería difícil de gestionar ( o no ) pero indudablemente lo que pretendo hacer llegar al lector son algunas reflexiones en la búsqueda de una nueva Política Fiscal que tienda hacia la eliminación del fraude fiscal de aquellos que están lejos del alcance de la Inspección Fiscal, y por tanto, de colaborar como cualquiera en el pago de los servicios públicos que utilizamos todos, porque para eso precisamente pagamos impuestos.
Y precisamente la reciente propuesta de "pensamiento" sobre la relación entre volumen de impuestos y calidad y extensión de los servicios públicos que nos ha hecho llegar con agosticidad manifiesta el ministro Blanco, me hace reflexionar sobre si realmente la regla de más impuestos, más y mejores servicios es válida. Indudablemente, alguien de izquierdas como yo debiera apostar por un sí rotundo, y lo es, pero, pero, pero...lo que he visto en Francia no me conduce a pensar que se pueda llegar a creer que es una regla proporcional. Para los que no estén duchos en Matemáticas, quiere decir la regla proporcional que a más impuestos mejores servicios, tanto por tanto. Según dicha regla, un 35% de impuestos más en combustibles, concretamente en el de la gasolina, debiera significar un 35% de inversión en carreteras francesas.
Pues bien, no creo que haya sido así mi experiencia, y eso que he realizado un viaje largo, de más de 1.800 km a través de Francia. Realmente no están mal, ni mucho menos, teniendo en cuenta además su sencilla orografía, con tachuelitas en el camino, tipo puerto de montaña de quinta categoría. Si hablamos de los túneles, ya es otra cosa. Está claro que no tienen muchos, prácticamente desde la frontera, el primer túnel que encontramos se situaba en la periferia de Paris, y en general están bastante mal iluminados. Dos equivocaciones en nuestro camino fueron debidas indudablemente a esa mala iluminación, la suciedad de los carteles y a lo reviradísimo del recorrido, con curvas pronunciadas en el interior de esos túneles. No es mi objetivo decir que en Francia las carreteras y autopistas son malas, al contrario, son buenas, pero no mejores que las de aquí.
Realmente lo que pretendo hacer ver y llevar a reflexión en el lector es la posible no existencia de esa regla proporcional entre volumen de impuestos y de servicios. Cuantos más años voy cumpliendo como funcionario y como ciudadano que paga impuestos, más me convenzo de la existencia de algún tipo de regla no proporcional, algo así como de saturación ( una asíntota para los matemáticos ), o como una nueva aplicación de la regla de Pareto del 80/20, de que las pequeñas mejoras conseguidas en los servicios públicos deben hacerse a costa de un incremento escandaloso de impuestos, al menos cuando la subida se realiza en un periodo corto, digamos de menos de 5 años.
Y aquí me introduciré en un área resbaladiza de la Política Fiscal: los impuestos especiales. Explicaré al lector por qué llego a este área. Si algo me molesta profundamente es conocer por los funcionarios dedicados a la recaudacion impositiva, a la inspección fiscal y similares, nos informen de que dejamos de recaudar un 25% de impuestos por fraude fiscal, por insolidaridad fiscal, por falta de control de los ingresos no declarados de un buen porcentaje de ciudadanos. Si tienes la "desgracia" de tener una nómina controlada por el fisco, el asalariado corriente, sea funcionario o trabajador del sector privado, pagas y pagas y vuelves a pagar: IRPF, IVA, donaciones, etc y etc. Y sin olvidar además los impuestos especiales. Todo acaba en las arcas de la Hacienda Pública, todo. No todos hemos puesto lo mismo en ese fondo común, pero todos utilizamos las carreteras y autopistas, tanto conductores de vehículos privados como el resto de ciudadanos a través del transporte de mercancías por carreteras o de autobuses o de ferrocarriles o de aeropuertos y puertos.
Es evidente que la inversión en redes de transporte da lugar a un salto considerable en el desarrollo de un país, de modo que no puede pararse ni en tiempos de crisis económica como en la que vivimos. Por tanto, si por una parte, la presión fiscal de los "nominados" empieza a ser inaguantable y por otra todos necesitamos y hacemos uso del bien público "redes de transporte público", propongo visualizar de un modo más claro para el ciudadano qué impuestos se destinan al mantenimiento y desarrollo de esa red de transporte. Por ejemplo, obligando a dejar claro en la nota de pago de gasolina o de los billetes de autobús o ferrocarril, cuánto ha sido de IVA y cuánto de impuesto especial de hidrocarburos, que más bien cambiaría de nombre y concepto a "impuesto especial para redes de carreteras y transporte público". Al menos éste, lo pagamos todos. Cuanto más usemos la red, más pagaremos, y por tanto, más fondos públicos habrá para ampliarlas y mejorarlas. Pero entre todos los usuarios. Es más, tal vez debiéramos ir pensando en una tasa o precio público por utilizar el vehículo privado en las carreteras públicas, parecido a la tasa de transporte, que está graduada en función del ámbito territorial: local, provincial o nacional. Ya sé que sería difícil de gestionar ( o no ) pero indudablemente lo que pretendo hacer llegar al lector son algunas reflexiones en la búsqueda de una nueva Política Fiscal que tienda hacia la eliminación del fraude fiscal de aquellos que están lejos del alcance de la Inspección Fiscal, y por tanto, de colaborar como cualquiera en el pago de los servicios públicos que utilizamos todos, porque para eso precisamente pagamos impuestos.
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