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jueves, 26 de septiembre de 2013

Auditores en las Administraciones Públicas: en busca de un modelo.

Hace pocos días que publiqué un pequeñisimo extracto de lo último que había leído en la revista Auditoría Pública, nº 60, en el que destacaba el artículo que presentaba la conclusiones de los 5 grupos de trabajo organizados en los X Encuentros Técnicos de los Órganos de Control Externo (conocidos como OCEX entre los iniciados en la materia).

Es una revista que sigo con interés porque en ella he encontrado artículos muy interesantes, también chocantes, e incluso algunos extraordinariamente precisos en la denuncia de lo que se está haciendo mal en las distintas Administraciones Públicas españolas. También es cierto que suelo dejar a un lado las entrevistas a los distintos máximos responsables de los órganos citados, así como distintas reflexiones sobre su labor. Reconozco expresamente,  y aquí en público, que mis prejuicios negativos sobre su labor, confesados aquí, por tanto, ya no inconfesables, me hacían pasar rápidamente esas páginas sin querer mostrar ningún interés por profundizar en lo que en ellos se comentaba.

No sé muy bien qué me ha conducido esta vez a detener mi mirada en esa primera página y engancharme en una lectura intensa y provechosa de esas conclusiones. Debo reconocer que muchas de ellas me parecen obviedades, lo que me conduce a pensar que no todos tenemos bien determinado y aceptado lo que compone la misión de esos órganos de control (estamos hablando, entre otros, de los Tribunales de Cuentas, por si a estas alturas de esta entrada del blog alguien se sintiera despistado). Otras realmente me hacen soñar con la existencia de un ánimo de cambio, de profesionalización de su labor, en el sentido de darle algo de valor a las Administraciones Públicas que controlan y sobre todo a la ciudadanía española a la que en último caso sirven.

Por tanto, me centraré inicialmente en un grupo de trabajo, el de Calidad de los Informes en los OCEX (nº2 en los X Encuentros) . Dejo a un lado, por ahora, y no precisamente porque no tengan interés, los grupos de Contribución de los OCEX a la transparencia de la gestión pública (nº 1 en esos citados Encuentros), el de El Control Externo en el marco de la estabilidad presupuestaria, el de Control y Evaluación de Políticas Públicas, y finalmente el de Nuevos ámbitos de fiscalización. No prometo nada, pero ya me gustaría sacar el tiempo necesario para analizar y comentar punto por punto sus conclusiones, todo ello desde mi óptica de funcionario que "recibe" a los auditores de los OCEX por un lado, y como ciudadano exigente desde el otro lado, de la eficacia y eficiencia de esa labor .

Dicen los expertos del 2º grupo de trabajo en su primera conclusión que "la calidad dentro de cualquier organización requiere un enfoque específico dirigido por la dirección y basada en la mejora continua". Vamos bien, desde mi "obsesivo-compulsiva" adoración de los procedimientos de mejora continua en sistemas de gestión. La dificultad la veo cuando llegan a la segunda conclusión, en la que reclaman de la dirección de los OCEX la aprobación de normas y procedimientos, instrumentos de control que permitan evaluar el grado de calidad de los informes. Aquí ya empiezan a temblarme las piernas, porque esas "direcciones" son dirección políticas o politizadas, habitualmente controladas por los partidos políticos, que suelen asegurar su control directivo, y que raras veces recae en expertos cualificados en estas actividades tan exigentes. Es decir, que en mi humilde opinión, nunca lo veremos, al menos, nunca partirá de ellos, de esos directivos ninguna propuesta que consiga construir un modelo operativo de gestión de los OCEX que conduzca a la absoluta independencia política, donde no haya la más mínima intrusión de quienes pueden verse afectados por ese necesario aumento de la calidad de los informes de gestión.

Seamos claros, si los informes de los OCEX mejoran, y por tanto, consiguen servir de acicate a los funcionarios controlados, auditados, y si además ponen el foco en los desarrollos operativos de los planes estratégicos de las organizaciones administrativas auditadas...entonces habrá más de un político al mando que quedará en evidencia por su clara inoperancia, falta de planificación, desarrollo de esos planes y control final de los mismos, desde el punto de vista de logro y de rendimiento interno (hablemos de eficiencia).

Y es que he visto de todo en esta larga carrera hacia ninguna parte, con encargos millonarios de planes estratégicos "comprados" a empresas de consultoría, más o menos "doblemente" especializadas, es decir, tanto por su conocimiento de la materia estratégica como por su especial capacidad para "captar" esos contratos administrativos. Aunque tampoco me extraña que se haya creado ese mercado cautivo: políticos obligados por la moda (ellos lo ven así, descreídos de cualquier metodología de gestión avanzada) y carentes de conocimientos para hacerlo por sí mismos, que es en definitiva lo único que tiene valor, no ven otra salida que buscar a quien se lo pueda hacer, que tenga renombre, de modo que nadie les pueda decir, que ni tienen plan estratégico ni que cuestionen quién de fama se lo ha hecho. Pero esto que yo denominé "fachadismo" y sobre lo que divagué en otra entrada de este blog, no es el objeto de esta entrada, por mucho que esté relacionada.

La tercera conclusión, "iniciar el estudio de un sistema de calidad propio para los OCEX", buscando que el control de calidad tenga carácter integral se me hace obvio. A ello hemos llegado quienes gestionamos así, pese a que casi nadie de los que nos rodean en las distintas Administraciones Públicas en las que trabajamos lo lleguen a entender. Somos una  rara avis,  y por tanto, condenados a intentar explicar lo inexplicable, a discutir sobre lo inefable. Pero aún así, un pequeño rayo de luz se ve en el horizonte. Algunos de los miembros de los OCEX creen también en ese modelo. Qué pena que no haya más colaboración interadministrativa con ellos. Tal vez, debiera hablarse de interdependencia funcional, ya que unos pensamos en cómo mejorar los procedimientos de trabajo en el cumplimiento de las funciones encomendadas y los otros pretenden vigilar, asegurar el cumplimiento legal, y el que sean procedimiento eficaces y eficientes. Se abriría un nuevo marco de relaciones de lo que no me cabe la menor duda serviría para dar un vuelco absoluto al actual, repleto de desconfianza de unos respecto a los otros, que solo conduce al ocultamiento y escamoteo por una parte, y al escaso valor de las posibles aportaciones de los otros que intentan "demostrar" la ineficiencia en el más obsoleto de los estilos  educativos: la denuncia fría y sacada de contexto.

Si pasamos a la cuarta conclusión, más extensa, nos metemos en harina, proponiendo ya mecanismos concretos de control de calidad de los informes. Citan en primer lugar la supervisión por un responsable de que los auditores lo han hecho bien, que han seguido el procedimiento. Esto es parte de la meta auditoría, o del proceso de aseguramiento de la ejecución adecuada de los procedimientos de trabajo establecidos. Para mí es el gran reto de las Administraciones Públicas, sean OCEX o no lo sean: asegurar el cumplimiento de los procedimientos y justificar o no, la posible desviación. Siempre hay margen para la mejora o para la inaplicación parcial de algunas etapas o actividades en aras de la eficiencia y de la eficacia. Otro es el control por pares, que permita avanzar en la evaluación de los propios trabajos de auditoría, a lo que añadimos el control externo de expertos. Nos vamos en este punto a lo que debería ser una auditoría externa a los propios auditores. Recomendable completamente.

Aseguran en la quinta conclusión que debería generalizarse la práctica de comunicar a los responsables de las Administraciones Públicas auditadas el borrador del informe final, a modo de una prealegaciones. Me parece excelente la idea, aunque deja de tener sentido la palabra prealegaciones. Esto del alegar consecutivamente no tiene mucho sentido. Si en el borrador está bien explicitado lo que se está haciendo mal en opinión de los auditores, las prealegaciones puede ser simplemente alegaciones, tomándose así muy en serio la Administración afectada ese documento y ese modelo. Sería más o menos como la fase de instrucción en la que el Juez puede finalmente imputarte y enviarte a juicio o no. Es evidente que preferiremos explicarle todo con pelos y señales al señor juez instructor, si así conseguimos convencerle de que no nos impute y archive la causa. De lo contrario, acabará siendo un trámite hueco, que pierde valor porque donde "se corta el bacalao" es otra fase, y por tanto, los responsables políticos y altos funcionarios afectados, se reservarán para esa fase, evitando malgastar, en su opinión, su precioso y escaso tiempo.

La sexta conclusión me deja perplejo. Piden los auditores más medios, más y mejores herramientas con las que trabajar, y de paso homogeneizar los trabajos que realizan los OCEX. Lo de perplejo era un broma macabra. Se ha de sospechar que cuanto peor lo hagan los auditores, con pocas o ninguna herramienta, mejor podrán defenderse los auditados, aduciendo errores de bulto, falta de detalle en los informes, siempre mal documentados. Esto se une a lo que decíamos más arriba de la independencia política en entredicho. Me pregunto si no hay un interés oculto en hurtar de medios de progreso y mejora a estos órganos de control por parte de sus propios dirigentes o de los colegas políticos de esos dirigentes. Es que de lo contrario no se entiende esta demanda.

Sobre la utilidad de los informes de auditoría y fiscalización trata la séptima conclusión presentada. Es evidente para mí que esos informes, al menos los que yo he visto no nos sirve en absoluto, salvo honrosas excepciones. Incluso son muy desmotivadoras para los que constantemente vemos agujeros negros grandes como galaxias que no son "detectados" por los telescopios de alta tecnología de los OCEX...Habiendo leído la sexta conclusión comprobamos que esos telescopios se queda en pequeños binoculares o incluso en miradas "a pelo" al firmamento estrellado. Y lo mejor es que añaden que debe ser instrumentos preventivos y pedagógicos, que den respuesta y sean sensibles a las preocupaciones de los gestores y de los ciudadanos. Aquí hemos llegado al punto clave de la cuestión tratada. Jamás he podido ver recogidas esas cuestiones que nos preocupan a los funcionarios (y por extensión y en la medida de lo posible a los ciudadanos clientes de esa Administración Pública auditada). Es algo que en los procedimientos de auditoría "privada" de los que tenemos sistemas de gestión certificados bajo alguna norma ISO ya tenemos o al menos se nos oferta, y una vez confesados por nosotros, se recoge en los informes para darle sentido a ese trabajo. Alegra saber que algunos miembros de los OCEX piensan de la misma manera. Será algo muy difícil de conseguir, dada la general pasividad de los altos funcionarios motivado por el estilo "absentista" de la mayoría de los cargos políticos que tenemos, demasiado obsesionados con "dejar huella" de sus cuatro años que como mucho permanecerán en el cargo, en un eterno, "volver a empezaaaar" (sí como en aquella gala de los premios Oscar).

Claro, que detrás de la séptima viene la octava conclusión, hablando de evaluación de esos trabajos por parte de quienes somos auditados. Aquí tengo que meterme de nuevo en líos, comparándolo con la auditoría privada de los sistemas certificados ISO en las propias Administraciones Públicas. Efectivamente lo han adivinado: evaluamos a nuestros auditores y su trabajo. De hecho, en una ocasión, mi nota fue tan negativa del resultado concreto de una de ellas que recibí la oportuna y "esperada" llamada del responsable superior para conocer de primera mano "qué había pasado". Sólo puedo decir que así es como se debe trabajar, evaluando y además justificando con buenos argumentos el por qué de esa calificación. Así se mejora, así se aprende, tanto unos como otros. Dejamos de ser esos malos estudiantes que siempre empezaban pasando la responsabilidad del suspenso al o a la profesora con el conocido "me han suspendido".

Y muy interesante es la novena conclusión, al afirmar que las alegaciones recibidas deben formar parte del informe final de auditoría. Es que es de cajón de madera de pino. Si queremos que sea útil para la ciudadanía tenemos que facilitarle su lectura, y que no sea necesario un concurso televisivo para sacar a la palestra a unos y a otros para que tengamos todos los testimonios de primera mano, a modo de careo. O incluso, desde el punto de vista interno, para que los responsables políticos conozcan de primera mano, cómo se han defendido los funcionarios afectados, y en qué medida ellos mismos aparecen implicados por actuaciones no del todo aceptables.

La conclusión décima vuelve sobre este mismo aspecto de los informes: facilitar la lectura y comprensión, lenguaje claro y sencillo. Quizá es la parte más difícil para un auditor, y de nuevo lo comparo con los auditores privados, porque tampoco ellos siempre aciertan en las descripciones del problema. Es realmente muy difícil llegar a un conclusión, hacer una recomendación, presentar una evidencia, mostrar una ineficiencia, a no ser que seas un experto, que hayas acumulado un considerable número de casos similares que te den esa fuerza moral y esa facilidad para exponer lo que ves tan claro. Los equipos multidisciplinares de auditoría o de evaluación constituyen en mi opinión una manera de conseguirlo, aunque a cambio encarece el procedimiento y agobia en general bastante más a la entidad auditada. Pero es el camino, sin duda alguna.

Finaliza con la conclusión undécima, pidiendo homogeneidad en la estructura de los informes de los OCEX y duodécima, haciendo lo propio con la extensión de los mismos, que a su juicio son demasiado extensos. Los modelos de evaluación EFQM podrían servir, sin duda alguna, particularizándolos, adaptándolos a la especial idiosincrasia de las Administraciones Públicas españolas.

En cualquier caso, si realizamos una comparación de los procedimientos de auditoría de los OCEX y de los auditores "privados" de sistemas de gestión certificados ISO, comprobaríamos que aún hay un camino muy amplio por recorrer para los primeros.

1. Los sistemas de calidad certificados exigen a la entidad auditada que asegure que los auditores internos cumplen unos mínimos. Tiene que procedimentarse cómo se van a llevar a cabo, qué conocimientos se exigirán a esos auditores internos, de modo que el auditor externo lo pueda controlar y verificar. Es evidente que a su vez, los auditores externos están sujetos a control de una entidad superior que vela por el propio sistema (AENOR en España y otras entidades supranacionales incluso por encima de ella). No es algo que se observe en los OCEX españoles. Las relaciones entre los órganos de fiscalización propios y los OCEX no se observa muy útil, ni transparente. ¿Qué ocurre cuando se detecta un incumplimiento legal y sin embargo ha recibido el placet del interventor o del órgano fiscalizador correspondiente?¿Qué consecuencias tiene para los primeros pillados en pecado? Y no estoy pensando en los casos estrella que abundan en los tribunales de Justicia. Es algo más prosaico.

2. La evolución de las auditoría tipo ISO hacia la investigación y control de la mejora continua de quienes son auditados es palpable. Ya se han abandonado por obsoletos y poco prácticos los controles documentales...los papelitos que siempre exigía el auditor, como único medio de verificación, como prueba de que algo se había hecho conforme a lo establecido. Ahora se cuestiona más el propio procedimiento, y mejor aún el proceso en el que se enmarca ese procedimiento. Afortunadamente hemos dejado atrás esa época que tanto daño hizo a los sistemas de gestión de calidad, medio ambiente, etc. Los que vemos esa evolución en el sector privado, en el de las certificaciones tipo ISO, comprobamos que no se ha avanzado así en la auditoría pública de los OCEX. Por ejemplo, sigo sin recibir la visita de ningún auditor de esos OCEX, siendo yo responsable del diseño y operativa de las herramientas informáticas de trabajo en mi organización. Es deprimente observar cómo siguen pidiendo "papeles" en forma de expedientes en papel, cuando afortunadamente casi el 70% de la documentación tiene soporte electrónico, y donde las firmas están a punto de desaparecer, sustituidas por marcas en el log de operaciones de la herramienta. Repito, siguen pidiendo expedientes que les debes imprimir, y se sigue sin auditar el procedimiento administrativo recogido en esas herramientas informáticas. Están trabajando como la industria hace 30 ó 40 años atrás, que revisaba todas y cada una de las piezas fabricadas en lugar de controlar (auditar o supervisar) la máquina que las fabricaba. Si la matriz estaba mal, el estampado aparecería mal en cada chapa, si la temperatura del proceso era incorrecta, los plásticos inyectados tendrían malformaciones...En la Administración Pública española seguimos así, sin dar el gran salto adelante, parafraseando a Mao (aunque espero que con mayor fortuna).

3. El control en el tiempo de las desviaciones observadas, es algo fundamental y práctica habitual en las auditorías externas tipo ISO. No se olvidan nunca de lo que quedó pendiente de arreglar o solucionar en años anteriores. Siempre empiezan por ahí. Algo debes haber hecho, algo, justificar ese avance, aunque sea pequeño, dando la cara, o simplemente poniéndote colorado como un pimiento cuando llegas a la mesa con las manos vacías. Comparándolo con lo que observo en las auditorías OCEX, fundamentalmente a través de los informes elaborados, llego a la conclusión que algo falla aquí, que el funcionario que lo hace mal no acaba de ser "señalado" en su continuada mala práctica, o en su inacción o pasividad permanente, y que por tanto, esos informes dejan de servir, de ser útiles para movilizar conciencias.

4. La calidad de los auditores externos es quizá la principal diferencia que observo. Dado que dotarse de un sistema de gestión certificado bajo alguna norma ISO en las Administraciones Públicas, es algo totalmente voluntario en la mayoría de los casos, nunca exigido legalmente, la consecuencia en la enorme libertad para elegir a aquellos auditores que mejor sintonicen con la práctica diaria tuya y que tengan un grado de conocimiento elevado del tipo de actividad al que te dedicas. Si de verdad crees en la mejora continua, en la innovación pública, buscarás a los auditores que más te exijan pero que a la vez, más atinados sean sus consejos y más oportunidades de aprendizaje mútuo construyan. Este es el gran déficit del sistema paralelo de control de los OCEX. Sinceramente no lo veo a corto o medio plazo, pese a que me haya alegrado leer algunas conclusiones que lo demandan.

Ya ven que apuesto por el establecimiento de modelos de gestión avanzada en las distintas Administraciones Públicas que sean "certificables" ante terceros, ante la ciudadanía en suma, de modo que la planificación estratégica, el despliegue operativo de esos planes, la creación de cuadros de indicadores bien planteados, medibles y sobre todo medidos, así como procesos de evaluación continua de los avances parciales y de las metas alcanzadas, sean parte del día a día de los funcionarios (tengan el puesto que tengan) y de sus responsables políticos. Sé que es un sueño, quizá inalcanzable a corto plazo, pero como Martin Luther King, "lo tengo".

domingo, 26 de junio de 2011

Que vienen los nuevos...!! (Calidad e innovación en las Administraciones Públicas)

Se acabó el mandato 2007-2011 en las administraciones locales. Parece que fue ayer cuando tomaron posesión de sus cargos nuestros jefes y jefas, y cuatro años después les estamos despidiendo en unos casos o preparándose para una toma de aire y a continuar por otros cuatro. Y es que el tiempo se va sin enterarnos, amigos y amigas lectore/as, qué les voy a decir que no sepan.

Sirva esta introducción para situarnos en uno de los grandes problemas que tiene la Administración Pública en cualquier país, región, ciudad o pueblo con un régimen político democrático, es decir, con elecciones libres que permitan oír la voz del pueblo, del ciudadano: el breve periodo de  tiempo que suelen estar al mando los cargos políticos elegidos-designados para dirigir una pequeña fracción del entramado administrativo del Estado (también es bien cierto que es una desventaja ventajosa: si no lo hacen bien, normalmente no permanecen demasiado tiempo como para destrozar ese entramado administrativo, aunque a punto han estado alguno/as...).

Y es que cualquier proceso de mejora en profundidad de la actividad administrativa pública necesita de cierto liderazgo (eso nos dicen los gurús aunque yo lo matizo hasta dejar casi irreconocible la aseveración anterior), pero sobre todo de continuidad en el impulso. Si algo hace daño a cualquier proyecto, y a cualquier persona implicada en su gestión, es la existencia de vaivenes, de continuos comienzos y replanteamientos globales. Provoca un hastío tan grande en el funcionariado que hace imposible a cualquier nuevo recién llegado al mando, que venga con dosis renovados de ilusión, motivar y remotivar al desmotivado trabajador/a público/a, que está aburrido de estar siempre empezando y nunca acabando nada.

Ahora que suponemos que nos volverán a llamar para pedir informes de esto y de aquello, de cuántas personas trabajan en cada unidad administrativa, que nos demandarán los estados presupuestarios de 2011, y con mucha suerte, las obligaciones presupuestarias establecidas a futuro, en los poco conocidos gastos plurianuales...echaré de menos, aseguro a todo el que me quiera oír, que no nos preguntarán por nuestro modelo de gestión, o al menos, por aquellos proyectos internos de desarrollo de modelos de gestión administrativa donde no los hubiera (porque proyectos ilusionantes en el cajón de alguien que piensa y que permanece...siempre hay, aunque ya le hayan salido algunas manchas de moho o se haya acartonado.

Tal vez lo que siempre hecho de menos entre los que llegan a mandarnos sea su falta de conocimientos político-administrativos y mucho menos de la realidad institucional a la que se incorporan, sea un ayuntamiento, diputación, etc. Es verdad que no debieran ser licenciados en Derecho o licenciados en Ciencias Políticas obligatoriamente pero al menos, un cursillo intensivo de 2 semanas, sí que lo haría obligatorio para todos (ahora se va a poner de moda el MIR de los profesores...pues yo propongo el MIR de los políticos-gobernantes). De lo contrario, no se establecen nunca las bases de un lenguaje común, de un conocimiento básico de dónde aterrizan y de lo que tienen que hacer, incluso de lo que pueden o no pueden hacer (o no debieran...). Y con ello, la desconfianza entre políticos-gobernantes y funcionarios no deja de crecer según pasa el tiempo del mandato. Ahí dejo una primera propuesta, y me autopropongo para diseñar la acción formativa, que nadie piensa que escurro el bulto después de lanzar la pedrada.

Pero lo que tengo cada vez más claro es que su liderazgo en el orden de la gestión administrativa y en el establecimiento de un modelo a seguir, no debe ser sino demandante. Me explico. No es cuestión de que nos vengan a decir a los funcionarios que tenemos que emplear el modelo EFQM o el que sea. Se trata más bien de exigirnos un modelo de gestión si es que no lo tenemos, y si lo tenemos que lo utilicemos y lo perfeccionemos constantemente. Con ello podrán conseguir optimizar los cada vez más escasos recursos presupuestarios para utilizarlos en sus políticas públicas. Porque estoy seguro, muy seguro que cualquier modelo de gestión que sea seguido, cumplido y hasta amado por los funcionarios será capaz de dar grandes frutos en forma de mejoras palpables y demostrables en eficiencia, transparencia y seguridad jurídica.

Si comienza diciendo "ese modelo no me gusta..." entonces podemos dar por perdidos los 4 años de mandato, y seguiremos dejando enmohecer los planes, o pasando a la "clandestinidad" administrativa en cuanto a utilizar un modelo de gestión que no es "gustoso" para nuestro nuevo jefe/a político, pero que sabemos que evita descarrilar la maquinaria administrativa, es decir, que lo usamos pese a quien pese, aunque no confesemos públicamente que estamos reunidos semanalmente para impulsar nuestros grupos de trabajo de mejora de procesos. Por Dios bendito, ¡¡¡que hay palabros que ya no están de moda!!!


¿Qué podemos conseguir aplicando y adaptando estos modelos de gestión: racionalizar y reburocratizar las AAPP? Actualmente diseñadas desde la base de un modelo militar napoleónico, al menos en España, Francia y Alemania, no sirven para alcanzar la Visión que debiéramos proponernos. ¿Nos debemos adentrar en un proceso de implosión y regeneración completa, en una catarsis de lo público?

Propongo a continuación una relación de asuntos a tratar en alguien que comienza :
  • Servicios prestados: los qués.
  • Cómo se prestan: procedimiento administrativo y detalle de aplicación.
  • Quiénes: los funcionarioss o empresas contratadas.
  • Con qué recursos: los presupuestos públicos: tasas-precios-impuestos-etc.
  • Indicadores de gestión.
  • Indicadores de resultados.
  • Evaluaciones de programas públicos.
  • Auditorías de gestión de servicios públicos.


Detrás de un servicio público hay siempre un proceso aunque se diga o se piense lo contrario (una definición de proceso puede ser conjunto de tareas-actividades que procesan unos inputs utilizando recursos humanos -funcionarios-, económicos -presupuesto- y de conocimiento -las más de las veces expresadas en forma de aplicaciones informáticas más o menos complejas-  aplicando un procedimiento -de base legal o reglamentaria- para generar unos outputs). El problema fundamental en la mejora o incluso regeneración completa de los Servicios Públicos se encuentra en que la mayoría de los que trabajan en la AAPP no alcanzan a comprender los procesos en los que están incluidos, quieran o no quieran, negando la evidencia que nos muestran los avances en Ciencia de la Administración y Organización. La burocracia entendida al modo decimonónico es parte de nuestro paisaje diario entre los que trabajamos en AAPP, y cualquier mención a los procesos que están detrás suele ser ignorado e incluso vilependiado. Se obcecan en trabajar artesanalmente en pleno siglo XXI, donde la mecanización de los procesos en el sector Servicios y la interoperabilidad creciente entre Administraciones Públicas (siempre impulsado desde el reducto de los "técnócratas/tecnólogos") conduce a reducciones drásticas del tiempo de proceso, es decir, de prestación de servicio y a reducciones consiguientes en mano de obra, que tienen un claro aroma a lo que se vivió en pleno maquinismo en la Inglaterra de finales del XVIII y principios del XIX. Las inversiones en desarrollos de software se elevan desde porcentajes testimoniales a niveles que pueden alcanzar el 6% o incluso más.

No hay oposición posible a este cambio tecnológico en el modo de prestar los servicios públicos. Ningún funcionario/a puede demostrar a ningún ciudadano/a y mucho menos a ningún político/a implicado/a en la gestión diaria de sus asuntos, que lo hace mejor y más rápido sin aplicaciones informáticas. Mientras tanto, la desorientación, la confusión en cuanto a actividades a realizar, crece y crece sin que las jefaturas (principales beneficiadas de la simplificación operativa de los servicios públicos prestados en cuanto a la utilización de empleados públicos) tengan claro en qué reutilizar sus efectivos.


Por tanto, desde arriba y desde abajo hay numerosos obstáculos que requieren de un modelo, de una guía para la gestión diaria. Y para la definición del modelo recomiendo que comience con un planteamiento jurídico de por dónde nos movemos: la Ley (así en general), los principios constitucionales, el Estatuto del Empleado Público y los valores que pretende impulsar (igualdad, eficiencia, eficacia, mérito, capacidad, etc). Y ya a continuación hacer una recopilación detallada de aquellos servicios que prestamos actualmente y cómo los prestamos (llámanle algunos la Misión). Los servicios que prestaremos en el futuro y cómo los prestaremos (esos mismos le llaman laVisión).

Solapadamente he ido incluyendo términos de gestión, de Calidad. Sería ya el momento de elegir un modelo de gestión, o de adaptarlo. Los clásicos son: EFQM (modelo europeo de gestión de la calidad) y las normas ISO (la 9001 de calidad y  la14001 de medio ambiente son muy conocidas). Pero hay un larga lista a disposición de todos. EFQM...es un modelo sólido y contrastado pero en mi opinión de evaluador senior en la materia, la puntuación tergiversa el modelo...los resultados en el ámbito socio-político se miden de otra manera...de modo que creo no nos sirve como está. Hay que adaptarlo pero la base técnica es poderosa así como las innumerables experiencias positivas del sector privado. Las ISO son estupendas, racionalmente concebidas, pero chocan con el problema de la flexibilidad en su adaptación a las AAPP. Realmente lo que suele fallar para este último modelo suelen ser los auditores externos, pieza básica para conseguir tener una opinión ajena que le sirva al cargo político para contrastar la madurez del modelo aplicado o el grado de avance en la mejora continua. Digo que falla porque no hay suficientes auditores especializado en ISOs 9001 en Administración Pública. Hay pocos porque también el mercado es pequeño de tan minúsculo número de administraciones que estén realmente implicadas en aplicar este tipo de modelos.

Bastantes de mis compañeros de oficina no creen que sea necesario certificarse. Lo que consideran innecesario, incluso alguno ha llegado a comentar que ningún auditor externo le va a decir lo que tiene que hacer para mejorar. Es evidente que algo falla en la base cuando se cree ésto. Por una parte lo ya comentado de falta de auditores especializados en materia de administración pública, pero también sobra algo de soberbia en el planteamiento del funcionario. Siempre podemos aprender de los demás. Compartir conocimiento, compartir modos de hacer las cosas, experiencias, es realmente enriquecedor. Comienzan a desarrollarse las comunidades de práctica (un buen ejemplo en materia de contratación pública lo tenéis aquí http://www.contratacionpublicacp.com/   desarrollado mi amigo Guillermo Yáñez, ejemplo de funcionario activo y motivado). Es decir, desarrollar la auditoría interna entre distintos Servicios o Departamento es una alternativa barata y saludable, o incluso entre distintas Administraciones. El perfil de auditor de calidad en cualquier funcionario/a y en activo debiera ser un indicador claro de la motivación del mismo.

Pero incluso la auditoría externa (la pagada) es buena y de alto interés. De partida debo reconocer que es necesario contar con auditores externos reconocidos y experimentados, pero una vez conseguido el perfil necesario para el contrato, la sensación extraña en el estómago de los funcionarios que van a ser examinados en el proceso de certificación o de control periódico una vez certificados, es muestra de su idoneidad. Por unas semanas se hace limpieza general, toque de retreta o como lo quieran ustedes llamar, pero funciona, vaya que si funciona. Y eso sin contar con la lista de deberes que nos dejan impuesta, la mayoría de alto interés si la elección de auditor/a ha sido acertada.

Con ello, el desarrollo profesional del funcionariado  ya no queda en el aire, a la espera de que se desarrollen adecuadamente las leyes de Función Pública. Y esto es así porque se contempla como un todo la gestión de los servicios públicos. El artículo de Marco Antonio Robledo "D3D: hacia un nuevo paradigma empresarial" publicado en Harvard Deusto, nº 202 de junio de 2011, puede servirnos para introducirnos en una nueva fase de reflexión profunda de lo que deben ser las Administraciones Públicas.  Marco Antonio Robledo propone un nuevo paradigma, una teoría integral de la dirección de empresas basada en un modelo de empresa humanista, pluralista, posconvencional e integral que contribuya a desarrollar todo el potencial de las personas que trabajen en su seno. Nada impide trasladar su propuesta, convenientemente adaptada, al ámbito de lo Público.

Los modelos de gestión EFQM, o ISO9001, sirven precisamente para eso, para definir completamente la visión conjunta de qué estamos haciendo, qué deberíamos hacer, cuánto de eficientes somos, en qué direcciones podemos mejorar. No nos quedemos en los "palabros", ni en los prejuicios, ni en los resquemores de proyectos fallidos, ni mucho menos esperando que los "nuevos" nos digan cómo tenemos que hacer las cosas, porque éso es cosa nuestra.