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martes, 30 de junio de 2015

Yo también votaría no en el referendum griego...

Pero como soy ciudadano europeo con pasaporte español me quedo con las ganas. Y es que toda esta ronda final de negociaciones con los inconmovibles miembros del stablishment europeo al final ha llegado a su fin. Se ha roto la baraja, ya no jugamos más, no nos interesa, no vemos ni futuro, ni propuestas con sentido ni un plan creíble que conduzca al crecimiento de los países del Sur.

La avaricia rompe el saco, dice un viejo refrán español. Supongo que habrá refranes o dichos populares equivalentes en otras lenguas, porque ese pecado capital no es sólo propio del pueblo en el que vivo. Por desgracia estamos comprobando que los acreedores alemanes y franceses no quieren jugar con el riesgo y ventura de cualquier negociante que se precie. Pretenden siempre ganar y ganar, aunque se equivoquen, aunque se equivocaron, por avaricia en los años del boom económico de los países del Sur de Europa. Pero es que ya hemos hablado mucho de eso, y siempre llegamos a la misma conclusión: te presté con unas garantías, esas garantías ya no valen lo que consideré que era un precio razonable y por tanto, tengo que ejecutarlas pero lo que falte para que me devuelvas el préstamo seguirá ahí pendiente, y obligado a devolvérmelo o...

Ay ese "o"!!! Da mucho miedo, esa amenaza velada. Es algo que siempre queda en el aire, como un entendimiento tácito  sobre lo que tú ya sabes que te puedo hacer. Suena a amenaza mafiosa. ¿Se imagina el lector a Alexis Tzipras recibiendo la oreja sanguinolenta de algún familiar cercano con una carta que le dijera: "págame lo que me debes o lo siguiente será la nariz, y lo siguiente una mano...y así hasta que te devuelva a trocitos el cuerpo entero"? ¿Se imaginan la escena? Pues no veo diferencia entre lo que está pasando en esa escena y las negociaciones entre la Comisión Europea, el FMI, el BCE  por una parte, y por la otra, a los miembros del democrático y recién elegido gobierno griego.

Y es que ahí tenemos al inefable Junkers, martilleando sin cesar en los medios adictos acusando al pueblo griego de no saber qué es lo que está haciendo. Pues claro que lo sabe señor Junkers. Saben perfectamente lo que es no tener ningún futuro, salvo el del esclavo que malvive para devolver un crédito que nunca podrá devolver, y malvendiendo lo poco que tiene, y viendo como los acreedores, avaros hasta asquear, menean la cabeza con signos de desaprobación. Pero cómo podéis hablar de buena gestión bancaria si os habéis metido en un negocio ruinoso invirtiendo en Grecia. ¿De qué os sirve engañaros pensando en que los tontitos políticos griegos acabarán firmando de nuevo otra serie de acuerdos sangrantes para Grecia, para la gentes sencilla y trabajadora, la que tiene un pequeño negocio, la que tiene un simple contrato de trabajo, la que sólo vive ya de la pensión estatal. Pero cómo habéis invertido con tan poco fundamento!! Simplemente por la avaricia que ha invadido la sociedad europea y sobre todo a la clase empresarial europea que copia métodos del otro lado del Atlántico pero sólo en parte, porque aquí nos hemos acostumbrado a tener una red maravillosa que para todos los golpes: la socialización de las pérdidas, siempre con el beneplácito de los partidos políticos tradicionales.

Por tanto, ha llegado el momento de decir basta, de devolver la voz y el gobierno de la nave económica a los griegos, dando la cara, debatiendo a puertas abiertas con todo lo que implique a futuro, sea para decir sí o para decir no, pero que sea una buena mayoría la que hable, y otra gran mayoría la que se decante hacia un lado o  hacia otro.

No es hora de tener miedo. El único miedo que tenemos los que no somos griegos y estamos en situación parecida es a que nunca llegue al poder un partido político que represente de verdad a los intereses del pueblo, es decir, auténticamente populista, y no demagógico. Lo que tenemos ahora gobernando es auténticamente clasista y demagógico, y lo extiendo desde España al resto de Europa. Realmente me avergüenzo de la transformación del proyecto europeo, de aquello en lo que lo han convertido estos politiquillos europeos de ínfima estatura moral y demasiadas deudas personales con sus jefes de los poderosos grupos empresariales transnacionales.

Se ha subido el telón y la función acaba de comenzar. Siento una envidia sana de los griegos. Es hora de debatir y de votar. Mucha suerte.

jueves, 25 de octubre de 2012

Homicidio a Europa: 5 años perdidos...

Hacía ya más de un mes desde mi última entrada en este blog, y de una parte, por la campaña electoral de las elecciones al Parlamento Vasco, y debo confesarles que de otra, por la vendimia y trabajos de vinicultura relacionados, no he podido disponer del tiempo necesario para trasladarles mis reflexiones sobre lo que he estado leyendo últimamente y sobre los últimos acontecimientos económicos y sociales en España, Europa y resto del planeta, especialmente de los Estados Unidos.

Con retraso conseguí a través de la web del think-tank Brueghel de Bruselas, un artículo muy  interesante de Paul de Grauwe, fechado el 19 de mayo de 2010, con título Fighting the Wrong Enemy (Luchando con el enemigo equivocado). El argumento central del autor se basa en la estupidez las principales instituciones comunitarias que se obstinan en montar severos controles contra malas prácticas económicas por parte de los Gobiernos comunitarios, pero no muestran el menor interés por desarrollar mecanismos para solventar las crisis económicas que pueden (y seguro que han podido) llegar a darse. Nos dice de Grauwe con un símil de lo más acertado, que la situación es equivalente a creer que seguir escrupulosamente las recomendaciones de los Servicios de Prevención de Incendios, hace innecesario dotarse de un Servicio de Extinción de Incendios. Como resultado, nuestra Comisión Europea decidió no dotarse de mecanismos correctores y así nos ha ido.

A todo esto podemos añadir el enorme error cometido al no hacer un seguimiento escrupuloso, en su cuadro de indicadores básicos, de la deuda del sector privado de cada Estado, y sobre todo de la parte del sector bancario europeo. Lo decía el autor del artículo citado hace dos años y debemos reconocer que de Grauwe tenía razón y que la Comisión se equivocó.

Insistía en aquella primavera de 2010, justo cuando el último gobierno de Zapatero dobló la rodilla ante el Consejo y la Comisión Europea, que los gobiernos de España y de Irlanda que estaban en problemas, no eran culpables, que en realidad, el sector privado de ambos países era el que estaba endeudado hasta las cejas, principalmente por la "facilidad prestadora" de la recién recuperada economía alemana que no sabía dónde emplear su elevado superávit por cuenta corriente. Es más, tanto Irlanda como España eran los alumnos más destacados de la clase en cuanto a reducción del porcentaje de deuda pública respecto al PIB citando una bajada de un 60 a un 40% para España y del 43 al 23% en el caso de Irlanda. Lo estaban haciendo muy bien, pero en ese fatídico mayo de 2010, la Comisión liderada por los gobiernos más neoliberales de centro-europa que hayamos conocido en este continente desde la etapa de Thatcher al frente del gobierno británico, metió a todos los países de Sureuropa en el mismo saco y los condenó sin pruebas y sin reconocer sus propios errores. Entre ellos, tenemos que citar su escasísimo afán por controlar los excesos del sector privado, y la alegría demostrada en situar grandes remesas de miles de millones euros en inversiones en el Sur de Europa sin garantías de ninguna clase, acudiendo ávidamente al mismo panal de rica miel inmobiliaria en el que se encontraban las economías recalentadas de Irlanda y España, y en menor medida de Grecia y Portugal. Demasiados pecadores, pocos arrepentidos y ninguna absolución.

Ha quedado demostrado que unos no supieron y otros no quisieron impulsar inmediatamente, tras el lanzamiento del euro, una Unión Bancaria, ni una unión Fiscal. Ahora nos vienen con ello (en la primavera de 2012 comienza a hablarse y ni siquiera en octubre está nada en marcha), después de haber arruinado las economías de los países del Sur, y después de haber sostenido una campaña mediática dirigida contra la "flojedad" de los sureuropeos, origen del malestar de su ciudadanía, en una huida hacia ninguna parte, en lugar de relanzar los principios fundadores europeos de solidaridad. Qué ironía que estos malos gobernantes europeos acudan a Oslo a recoger el Premio Nobel de la Paz; unos gobernantes que actúan con una cortedad de miras que raya en el homicidio a la propia Europa, totalmente alejados de sus ciudadanos, encastillados en sus oficinas de Bruselas y Berlin, incumpliendo sistemáticamente lo que el propio Tratado de la Unión Europea dice en su artículo 10.3 ("Las decisiones serán tomadas de la forma más abierta y próxima posible a los ciudadanos").

Y peor aún es conocer que la cumbre europea del 18 y 19 de octubre, hace unos días por tanto, terminó de nuevo posponiendo el cambio de rumbo drástico de las políticas europeas que nos están conduciendo al abismo, en una cordada infernal de países pequeños y mayores al final, de los que consiguen arrastrar finalmente a los más voluminosos. Sólo hay que leer las conclusiones de esa cumbre (puede seguirse este enlace para facilitar su lectura Conclusiones de la pasada cumbre europea del 18 y 19 de octubre de 2012 ), para darse cuenta de que no hay nada que hacer con los actuales gobernantes neoliberales que controlan el Consejo Europeo. El Parlamento Europeo es un convidado de piedra sin poder decisorio alguno. Minorías mayoritarias nacionales (cuando las hay) controlan los gobiernos de sus Estados y dirigen este entramado político-institucional pseudo-democrático en el que han convertido una maravillosa idea, un apasionante proyecto de vida en común, llamado Unión Europea.

Comentaba de Grauwe hace ya más de dos años que el problema de la eurozona era la ausencia de una unión política suficiéntemente fuerte en el que estuviera embebida la unión monetaria. Esta unión política debería asegurar la coordinación de las políticas económicas y presupuestarias para prevenir las grandes divergencias  que han emergido en la eurozona, y que implicaba que hubiera listos para utilizarse mecanismos de transferencia de fondos suficientes para resolver las crisis financieras. Según de Grauwe la solidaridad mútua no puede evitarse en una unión monetaria, incluso si esto implica ser solidario con los "pecadores" (aunque también creo que deberíamos aplicarnos el pasaje evangélico de la pecadora perdonada. Sí, estoy de acuerdo con él, y mucho más aún cuando se intenta, se pretende socializar las consecuencias económicas de no haber podado a tiempo la exhuberancia irracional de los mercados inmobiliarios de España e Irlanda, construidos con deuda privada de bancos alemanes, es decir , aportada por quienes ahora no quieren someterse a las reglas del mercado privado, en el que las deudas privadas se resuelven en el ámbito privado del derecho mercantil de los estados deudores. En España esto se regula con los procedimientos de concurso de acreedores, suspensiones de pagos y declaraciones de quiebra, donde están debidamente regulados el monto y la preferencia de los acreedores en el momento de repartirse lo que quede de los activos de la empresa quebrada. No vale ahora con acudir a papá Estado Alemán y a mamá Comisión Europea para exigir que sean los no-deudores españoles los que tengan que hacerse cargo de devolver préstamos no solicitados por la inmensa mayoría de ellos y en el que el Gobierno Español de Rajoy parece decidido a no convocar un referéndum para preguntarnos si debemos o no salvar a la banca española que se encuentre en quiebra técnica.

Por tanto, siento traicionado mi espíritu europeo hasta extremos que jamás hubiera llegado a pensar. Contemplo estupefacto como el Pacto de Estabilidad y Crecimiento le han dejado cojo de repente, y en su ruidoso traqueteo deja claro que la palabra Crecimiento ha quedado olvidada en este largo camino de traiciones y engaños al espíritu europeo que comenzó en Lisboa. Hace ya mucho tiempo que hemos dejado de hablar y por tanto de debatir y de impulsar la idea de una Constitución Europea. Sólo observo que hay algunos gobiernos que se creen mejores que otros, que no entienden que desunidos somos mucho más débiles, que somos irremediablemente interdependientes y que la testarudez centroeuropea en intentar obtener el pago de una deuda privada convirtiéndola en deuda pública sólo conduce a la muerte tras una larga y penosa espiral descendente de encogimiento económico y déficit fiscal continuado por incumplimiento sistemático de las previsiones de ingresos por impuestos y tasas públicas. Nos han traicionado, nos han engañado y quienes nos gobiernan aquí no se lo quieren explicar con claridad a la nación española porque, a su vez, una situación como ésta es ideal para "ajustar cuentas" domésticas con 7 años de un progreso social desconocido en España destruyendo la herencia de los gobiernos socialistas de Zapatero entre 2004 y 2011.

Llegados al apartado de las propuestas, como es obligatorio en cualquier entrada de este blog, propongo la fundación de una alternativa ciudadana europea que frene a las oligarquías neoliberales que controlan las instituciones europeas y que de paso a un auténtico Parlamento Europeo con capacidad decisoria real. No podemos seguir así. Ya son nada menos que 5 años perdidos. Nos va en ello el futuro, nuestro futuro como continente en el siglo XXI.







viernes, 9 de diciembre de 2011

Transparencia, asignatura olvidada de nuestros políticos

Me encontré con una mención a la página de Transparencia Internacional España en las jornadas de la 3ª Conferencia sobre Calidad y Sostenibilidad de los Servicios Públicos, que ha tenido lugar en Bilbao, los pasados 29 y 30 de noviembre, en la que mencionaba la nueva relación actualizada de índice de transparencia municipal, y recordé que Bilbao había sido una de las ciudades premiadas, dentro del top 100 (5 ciudades se han salido...literalmente, dándose con el techo...quizá haya que ampliar en altura la casa de todo/as...).

Y me picó la curiosidad, y mucho más cuando leí, también por pura casualidad, el artículo de María Dolores Guillamón López, Ana María Rios y Cristina Vicente, de la Universidad de Murcia, titulado "Transparencia financiera de los municipios españoles. Utilidad y factores relacionados", publicado en la revista Auditoría Pública, nº 55, pp. 109-116. Me pareció muy interesante, ya que aprovechando la información del índice de transparencia de años anteriores, decidieron ir un poco más allá y explotar los datos que tan "transparentemente" nos ofrecen a los que queramos investigar. Y para ello utilizaron 5 variables:
- La ideología del alcalde: progresista/conservador.
- La fortaleza de ese gobierno municipal, utilizando el índice de Herfindahl (apunto a Wikipedia para quien quiera ampliar información), que viene a recoger el número de concejales de cada partido frente al total. A más  partidos con representación, más fragmentado el consistorio y más cercano a 0 el valor del índice. En el caso hipotético de mayoría absoluta y sin oposición, sería un valor de 1.
- El gasto total per cápita, es decir, total de gasto municipal entre toda la población registrada.
- Las transferencias recibidas per cápita, es decir, los ingresos recibidos del Estado, Unión Europea, Comunidad Autónoma, etc repartido entre toda la población registrada.
- La tasa de desempleo municipal anual.

Con toda esa información referida a 2008-2009-2010, las investigadoras concluían que los municipios gobernados por partidos progresistas son más transparentes que los gobernados por conservadores. Que a mayor fragmentación del gobierno local, mayor transparencia (ya intuíamos que las mayorías absolutas obstaculizan la apertura informativa...), que el gasto total per capita es superior en los municipios más transparentes, y que reciben más transferencias. Respecto al nivel de paro, no queda tan clara ninguna correlación entre transparencia municipal y su tasa de desempleo. Piden finalmente las investigadoras que se amplíe el índice municipal de transparencia a más ayuntamientos, y yo realmente pido que se amplíe a todos.

 Pero mientras esto llega, me he animado a utilizar las fuentes indicadas en el artículo, y que para mi sorpresa permite los datos de todos los ayuntamientos de Bizkaia (a excepción del Ayuntamiento  Abanto y Ziérbena, que no comunica los datos al Ministerio de Economía...). Como en el índice de transparencia actualmente publicado sólo aparecen Bilbao, Getxo y Barakaldo, he dirigido mis propias investigaciones hacia esas mismas variables relacionadas con el tamaño en población del municipio (los ayuntamientos los he agrupado por tamaño de población de acuerdo al número de concejales que componen el consistorio), y esto para los 112 municipios del Territorio Histórico de Bizkaia, obteniendo alguna conclusión interesante que paso a exponer a partir de este gráfico que he preparado:


Como puede observarse hay una clara tendencia a disminuir el gasto per cápita y también las transferencias corrientes y de capital recibidas por los ayuntamientos, conforme aumenta su población. El número de concejales del Ayuntamiento me ha servido como concepto de agrupación de acuerdo con rangos de tamaño de población, sin tener en cuenta para nada el tamaño del municipio, algo que tampoco tiene en cuenta la legislación vigente, que no corrige el número de concejales cuando el municipio es considerablemente extenso o con polarización de asentamientos de población. Queda también bastante clara la capitalidad de Bilbao, único municipio con 29 concejales. El último dato es el promedio municipal del Territorio Histórico de Bizkaia, a efectos comparativos, simplemente.

Es decir, que cuanto más pequeña es la población del municipio más gasta el consistorio en cada uno de sus ciudadanos allí empadronados, y más recibe en forma de transferencias de otras Administraciones Públicas (salvo una pequeña anomalía para los que tienen 11 concejales en cuanto a gasto total por habitante). Algo ha quedado claro al menos gracias a la transparencia de los datos recogidos en las liquidaciones presupuestarias, es decir, en las cuentas finales, que fin de cuentas, y valga la redundancia, es lo que nos tiene que importar y no tanto la fase de presupuestación, que es la que siempre resuena en los medios de comunicación (ampliaré en otro post algo más esta idea).

Otro gráfico que he obtenido tiene que ver con el famoso índice de fragmentación política del consistorio y de su relación con la transparencia. Aquí os lo muestro:

Datos del Territorio Histórico de Bizkaia tras las elecciones municipales de 2011. Elaboración propia.

¡Vaya! ¡Sí que es significativo lo que observamos! A menor número de concejales el índice de fortaleza (o su inverso, el índice de fragmentación política) aumenta, y por tanto la oposición se desdibuja y su influencia para hacer más transparente la acción de gobierno municipal también disminuye. Vemos que Bilbao ha quedado reforzado en 2011 con la mayoría absoluta de Azkuna si lo comparamos con los grandes municipios de Bizkaia: Barkaldo, Portugalete, Getxo. Ya veremos en esta legislatura si continúa por la línea que marcó el equipo de gobierno municipal del anterior mandato, el de la coalición PNV-IU/EB.

Parece ser que cuanto menos población tiene un municipio menos partidos políticos con representación tiene en el consistorio, y aparentemente al menos, más homogéneo es el modo de pensar político de sus ciudadanos. Pero por otra parte, si no hay "colorido político" en la oposición, más fácil es olvidarse de explicar lo que se hace, dónde se gasta y de quién se recibe lo que se gasta. Es cierto, también, que en municipios muy pequeños toda la gente se conoce, o debiera conocerse...y esto ayudaría en el camino de la transparencia, pero esta hipótesis debería ser demostrada. Por el momento, nos tenemos que quedar con los datos que aporto.

Como conclusión, por favor, exijamos transparencia en la actuación de gobierno, pero sobre todo, utilicemos la información que tenemos ya a nuestro alcance, hagámos nuestras cuentas de la vieja,  intantando extraer alguna conclusión, y a partir de ellas, decidamos, que para esos somos ciudadano/as con plenos derechos civiles, porque si no los usamos se nos van a oxidar.







domingo, 15 de mayo de 2011

Políticos y funcionarios (segunda parte)

No tenía pensado añadir una segunda parte al anterior post sobre Políticos y Funcionarios. Sin embargo, tras leerlo y repensar mucho el contenido anterior, me he decidido a darle continuidad al tema. Si en la primera parte incidía en la falta de legitimidad de los funcionarios para participar en debates generales sobre el futuro de cualquier órgano de una Administración Pública, y también en el pecado del corporativismo, en esta segunda parte me mueve más la clarificación de las relaciones entre políticos y funcionarios (altos y medios funcionarios en realidad) y denunciar, de paso, la descomposición de esa relación.

La ola neoliberal, que yo llamaría "tsunami neoliberal" de tan fuerte y destructiva como está siendo para el común de los mortales, tiene un aspecto muy significativo que siempre aparece como bandera de enganche para los ciudadanos exigentes en lo privado y entre sumisos y mudos en el momento de dar la cara, de "activarse" (ahora lo llaman indignarse en Francia) social y políticamente: la crítica destructiva al Estado del Bienestar, y sobre todo, la crítica hacia el estamento del funcionariado público. Ya ven ustedes que yo mismo reconozco que es un estamento, y que conlleva algunos o incluso bastantes privilegios. Sobre nosotros (yo también soy funcionario) llevan cayendo toda clase de improperios y acusaciones grandilocuentes, y en mi opinión sesgadamente intencionadas hacia lo negativo, escondiendo, no mencionando nunca lo bueno, que para algunos no existe bajo ningún concepto.

Quizá la crítica más destructiva y envenenada, torticeramente calculada, es la de aquellos políticos que acceden al poder tras concurrir a unas elecciones legislativas, o peor aún, sin concurrir, pero siendo llamados por el partido ganador responsable de la gestión del Estado, Autonomía o Municipio, y que deciden sin el menor recato, prescindir de cualquier relación político-laboral con el funcionariado que depende orgánicamente de ellos. Es decir, asistimos a una sentencia sin juicio previo, sin garantías de ningún tipo. Simplemente nos han condenado basándose en una ideología que no cree en lo público, ni en la regulación de los excesos del mercado, ni prácticamente en nada, salvo en la acumulación de bienes por las élites más poderosas (algún día hablaré de la visión de Marx, su aparente error en su pronóstico de concentración del capitalismo, y en cómo entrados en el siglo XXI, sus "profecías" parecen que empiezan a cumplirse). Incluso peor aún, políticos "independientes" que buscan su lucro personal, aumentar su clientela, su directorio de contactos...vamos, seguir aquella pasaje del Evangelio donde el mayordomo infiel abusaba en sus últimos momentos de su poder para "hacer amigos".

Esa falta de liderazgo político-laboral que nos inunda en los distintos niveles administrativos del Estado, Autonomía o Municipio, se traduce en una gran desconfianza sobre lo que el funcionariado hace o no hace, creando dudas sobre su compromiso con la institución en la que trabaja, insistiendo en la parte mala que aflora ante la ciudadanía, con la intención torticera de ganársela, de crear "mal ambiente" entre unos y otros, sin la menor intención de mover un solo músculo, ni una sola neurona en intentar conocer mejor qué está dirigiendo, con qué equipo humano cuenta, qué problemas tienen, qué virtudes, quién trabaja y quién se escaquea. No, amables lectore/as, no, eso es mucho esfuerzo, y como realmente hay una gran mayoría que lo único que desea es no desgastarse en arreglar algo que ningún precedente ha arreglado o que incluso ha degradado o "averiado" aún más con sus actuaciones inconexas, o peor aún, que desea fervientemente quitarse de enmedio a "testigos" de sus "afanes", por llamarlo de alguna manera, la situación empeora año tras año.

Hay en mi opinión una voluntad no manifestada claramente de destruir las bases de la Adminstración Pública, que tanto costó llevar adelante en el siglo XIX: cuerpos de funcionarios con acceso por mérito y capacidad (oposiciones libres, públicas y limpias) y que en contrapartida tienen derecho al cargo, o traducido al lenguaje de hoy, la permanencia como funcionario/a contra viento y marea, venga quien venga a gobernarnos. Se quieren olvidar las tristes décadas de las cesantías de funcionarios, en las que quien llegaba allí, sabiendo que saldría con su mentor político, aprovechaba el cargo tanto como pudiera. Al final, la cosa pública quedaba dañada irremediablemente, puesto que nadie, absolutamente cargaba con ninguna responsabilidad, ni se mantenía ninguna continuidad de actuaciones. Se olvidan de todo eso, y lo hacen conscinetemente en mi opinión. Hay mala intención.

Esto se une a una conversación o pequeño debate que tuvimos unos compañeros motivados con el cambio organizacional. Uno de ellos, con gran experiencia, nos venía a decir, "que quede claro que yo vengo a trabajar aquí [la Administración] por mí, no por los ciudadanos, ni por Bizkaia, y creo que los demás piensan igual". Me sorprendió, no me lo esperaba de él, y creo que no ha conseguido engañarme, si es que lo pretendía, que más bien pienso que intentaba crear polémica, debate y confrontación de ideas y pareceres. No encaja con todo lo que ha hecho en la Administración y por Bizkaia en su larga trayectoria laboral. Es el ejemplo claro de todo lo contrario. Yo creo que también estoy en el mismo bloque de funcionario/as implicados en mejorar la Administración, pero el impacto de sus palabras me movió a reflexionar sobre la motivación del funcionariado.

Sí, surgen grandes preguntas: ¿por qué vengo a trabajar?,¿por qué no cambio de trabajo si me siento tan desmotivado ante la desidia de nuestros políticos respecto a la cosa pública?¿Creo en Bizkaia y en su futuro, en "lo nuestro" como gran colectivo de millón y pico de ciudadanos que conviven en un marco geográfico, social, económico y político determinado, o simplemente me da igual? ¿Pero es Bizkaia lo que acabo de describir? ¿Quién representa a los vizcaino/as, los junteros, el Diputado General de Bizkaia...?¿Sólo ellos?¿Nadie más?

Han visto como mis preguntas han ido derivando desde mi yo hacia un yo colectivo. Es más, ¿quién representa la voluntad de un pueblo? El gran debate entre democracia parlamentaria-representativa y democracia participativa está en el núcleo del debate, y además en la posible solución al problema de la Administración Pública. Nos afecta a los funcionarios, sin duda, porque queda claro que sin funcionarios no hay continuidad en el vaivén político, que la privatización no es la solución, que es un engaño gigantesco que conduce a corruptelas, mafias económicas, oligopolios y finalmente a dictaduras donde se mezcla todo en beneficio de una élite alejada de la sociedad a la que teóricamente representa.

Sin embargo, cualquier avance en democracia participativa está frenada por los propios partidos políticos mayoritarios, que verían amenazada su labor. La partitocracia lo ha inundado todo, salvo, y por ahora, la Administración Pública,  donde el funcionariado resiste a duras penas, y con una creciente desmotivación por falta de liderazgo.

¿Podemos nosotros mismos tomar el control de nuestro destino? ¿Estamos legitimados para ello? Mi respuesta es que sí, que frente a nuestra falta de legitimidad para definir el qué hacemos o debemos hacer, tenemos total y absoluta legitimidad e incluso me atrevería a decir que obligación de renovar y modernizar las Administraciones Públicas en las que trabajamos. No hay excusas, no hace falta autonomía...estamos hablando del cómo se hacen los qués, y ese es nuestro terreno, un terreno en el que tenemos que mejorar mucho, mucho, mucho. Nos falta metodología, nos falta interiorizar el concepto de cliente-ciudadano, el concepto de cliente-funcionario, cliente-otra_administración, reforzar la interoperabilidad, simplificar, aumentar los controles, medir nuestro rendimiento, evaluar lo que hacemos, pero sobre todo, renovar nuestro orgullo sobre el trabajo bien hecho y el cumplimiento de lo legislado, que nos guste o no nos guste procede de Parlamentos o Ayuntamientos donde los elegidos por el pueblo (con mayor o menor exactitud respecto a lo que realmente hemos votado) toman decisiones por mayoría.

El objetivo es demostrar a nuestros conciudadano/as y a nosotros mismos que el ámbito de lo público está en buenas manos, las mejores, las más eficaces y eficientes, y que lo que decidan a través de sus representantes se ejecutará profesionalmente, rindiendo cuentas de cada minuto de jornada laboral y de cada euro necesitado para ello. Un gran desafío se abre en nuestros destinos, todo lo demás son cuentos de la buena pipa.

domingo, 3 de abril de 2011

Funcionarios y políticos

Venía paseando hace pocos días con un compañero, en uno de esos periodos de tiempo que ahora se llaman oficialmente “PAUSA JORNADA” en nuestro maravilloso sistema de control de presencia (fíjese la persona lectora en el determinativo asociado a la palabra control), cuando surgió de nuevo el tema de nuestra participación en la definición de los objetivos de nuestro departamento. De entrada suena bien, a mí así me lo parece. En cualquier caso, debo confesar que algo en mi interior no está de acuerdo completamente.


Como muchos otros ciudadanos, me encuentro en el grupo de los que no nacieron en un periodo democrático, ni tan siquiera considero que haya vivido en una sociedad profundamente democrática, en la que hablar claro y alto sobre lo que pensaras de esto o aquello, sin temas tabúes de ningún tipo, podía conducirte al cementerio en casos extremos. Realmente conoces las sociedades en las que vives regularmente. Al menos no soy de los que creen a pies juntillas lo que les dicen los viajeros de quinces días o incluso de un mes cuando vuelven narrando “maravillas” o “decepciones” de los lugares que han visto. Y me tengo que remitir tan sólo al verbo ver, muy alejado del de “conocer” o incluso “vivir”.

Así que partiendo de la premisa de que sólo conozco esta sociedad (la vizcaina) y un poco menos la vasca y un poquito menos la española en general, me tengo que limitar a afirmar que la media de la cultura democrática y participativa de la ciudadanía está muy marcada por los hechos históricos y sociales que han vivido en los úlitmos 35 años. Los menores de 18 años lo verán de otro modo, porque lo habrán vivido en otras circunstancias. Si estoy insistiendo tanto en este aspecto es porque realmente creo en la participación ciudadana en la actividad política de base, además por supuesto de en las diversas actividades sociales y culturales.

Pero no es el momento de entrar en el debate de democracia participativa sí, democracia participativa no. Esa promesa que les hice aún está sin cumplir, y mis comentarios al maravilloso libro de Ramón Soriano y Luis de la Rasilla “Democracia vergonzante y ciudadanos de perfil”, siguen pendientes de una redacción clara para incorporar a uno de mis posts en este blog. Sentada y reafirmada mi vocación democrática y participativa, tengo ahora que pasar a la zona de los “peros”…

Efectivamente, tengo algún reparo que contarles, que se encuentra en lo que llamo oportunidad del lugar y del rol. No es cuestión del momento, que casi siempre considero que será oportuno. No, más bien se trata de nuestro rol social cuando participamos y de cómo podemos alterar profundamente la calidad democrática de nuestras opiniones al sobreponderar nuestra capacidad de influencia neta sobre el proceso deliberativo. Por ejemplo, analicemos el caso de nuestra participación como funcionario/as en ese debate sobre objetivos del departamento, del ministerio, del ayuntamiento… Veamos los pros y los contras.

Parece evidente que la principal ventaja de nuestra participación podría ser el conocimiento de los sectores económicos y sociales en los que nos movemos a diario, sobre todo si el funcionario en cuestión tiene una relación directa, o “de peso”, en la gestión de los diversos programas públicos, servicios públicos o control y evaluación de convenios. Si además tiene bastantes “trienios” en su nómina, es indiscutible que debería haber acumulado mucha experiencia, además de ser consciente de la constante evolución de la sociedad a la que sirve. Intento encontrar alguna otra ventaja y debo ser sincero, me empiezan a asaltar las desventajas, ennegreciendo el paisaje. Pasemos pues a enumerar alguna de ellas.

Quizá la peor de todas y para la que no tengo una solución a corto plazo, sea el corporativismo. Ser arte y parte en lenguaje vulgar tiene difícil solución. En cualquier debate en el que aparezca un funcionario defendiendo la actividad pública o promoviendo políticas públicas en las que va a tomar parte directa, pierde parte de credibilidad, y mucho más en estos tiempos duros del neoliberalismo a ultranza, con lo público cuestionado constantemente. La cercanía al poder político ejecutivo puede ser otra desventaja importante. Conocemos demasiado de cerca los entresijos de la elaboración y aprobación de políticas públicas como para no saber influir sobre ellas, las más de las veces en forma de reglamentos que ya no pasan por el filtro de la democracia parlamentaria y muchísimo menos de la democracia participativa. Para ello falta abrir muchísimo más la gestión administrativa pública al escrutinio de la sociedad. Los defensores del pueblo, arartekos y similares, aún están a años-luz de disponer de herramientas de control de la gestión administrativa que sean eficaces, y que nos hagan poner las pilas “permanentemente” al funcionariado. Se utiliza demasiado, a mi parecer, en control político, que es cierto que influye y mucho en la gestión, pero se utiliza poco para poner “coloraos” a los funcionarios “baguettes” que todavía pululan por los edificios administrativos de este país.

Pero aún me queda por aportar la opinión más contundente y que puede dar lugar al mayor y más acalorado debate que haya podido nunca surgir en este blog: la legitimidad del funcionariado para tomar parte en ese debate de objetivos. ¿Qué legitimidad tenemos en un debate político? En mi opinión la del ciudadano, por supuesto. Ni más ni menos, la más importante. Creo que es incuestionable. Pero…¿podemos tener doble rol de ciudadanos y de funcionarios en ese debate dentro de un departamento, ayuntamiento o ministerio? Rotundamente no. No es el lugar para actuar como ciudadanos dentro, y por tanto, no deberíamos actuar como funcionarios, puesto que abusaríamos de nuestra especial condición social. Seríamos unos privilegiados. No es el lugar, así de claro y así de fácil.

Es más, concluyo…si yo fuera un alto cargo político y alguien me pidiera participar en un debate sobre objetivos le diría amablemente y con una sonrisa de oreja a oreja que creara un partido político, que realizara ese debate, que se presentara a las elecciones de turno dando a conocer al resto de ciudadanos su programa al efecto y que les convenciera consiguiendo su voto para hacerle llegar al gobierno de turno. No puede haber puerta de atrás. Si estamos en contra de los lobbies y de su capacidad de influencia sobre nuestros gobernantes, y para eso pedimos y exigimos mayores niveles de democracia participativa, mayor transparencia en la deliberación política y de paso, mayor eficiencia en la gestión administrativa, no podemos ponernos “la visera y los manguitos” para llevar a cabo prácticas similares a las que denunciamos, aunque sea con la mejor de las intenciones, algo que no discuto ni pongo en tela de juicio de ninguna manera.

Finalmente, para intentar cumplir con el objetivo práctico de este blog, quiero aportar alguna solución práctica al debate que nos ocupa. Si el tema en este lugar no es el correcto, al menos podemos retomar una buena parte del mismo para debatirlo con toda la legitimidad ganada como funcionarios: la modernizacion administrativa y el servicio público frente a la ola de neoliberamismo irracional que nos invade. Creo que olvidamos muchas veces la razón de ser de nuestros puestos de trabajo y quedamos desconectados de la realidad social en la que vivimos. Si no somos capaces de reconocer abiertamente en un vagón de metro silencioso, lleno hasta la bandera de gente, que “soy funcionario/a y me siento orgulloso del trabajo que realizo”, querrá decir que el camino para mejorar nosotros mismos es aún muy, muy largo, y donde podemos y debemos ocuparnos al ciento por ciento. No hay tiempo para el aburrimiento.

La Sociedad nos lo demanda a gritos. Adelante y al tajo!