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miércoles, 26 de agosto de 2015

Mandangas presupuestarias y el ritmo natural de las cosas

Que el anticipado debate presupuestario no es nada edificante, en el sentido de favorecer la educación cívica entre los españoles, y que tampoco es didáctico, en el otro sentido de ayudar a comprender a la ciudadanía sobre la importancia de hablar de los servicios públicos, sus obligaciones y de los costes que conllevan, ha quedado a todo el mundo claro al oír al inefable Ministro Montoro. Ayer nos soltó una de sus perlas periodísticas (me refiero aquí a sus "mandangas"), que encajan perfectamente en este raro mes de agosto, violado unilateralmente por decisión del presidente Rajoy. Se acabó la paz, el hastío, el aburrimiento típico de este mes, que conduce a un relajamiento básico, necesario a todos los efectos, previamente a la próxima campaña electoral.

Y todo este estrés vacacional lo vamos a pagar en elevados costes sanitarios derivados de las enfermedades mentales varias que nos va a causar tanto trabajo en tiempo y forma no habituales. Los cambios bruscos son perjudiciales para los seres vivos, pertenezcan al reino animal o vegetal.  No les voy a aburrir a los lectores del blog con un principio básico que vengo observando en el huerto familiar: cuando las temperaturas oscilan bruscamente, un día a 20ºC y al siguiente a 35 ºC, para volver a bajar, en una especie de montaña rusa meteorológica, las pobres plantas se estresan tanto que florecen mal y en consecuencia fructifican mal, y en esta situación de debilidad son objeto de todo tipo de ataques de insectos y de enfermedades fúngicas. Si el verano viene abrasador en una lenta ascensión de las temperaturas no hay problema, todo sigue el ritmo natural y esperado de la Naturaleza y los resultados son excelentes. Podrá parecer una lenta agonía, pero la flora se adapta lentamente y con ella, la fauna que en ella y de ella vive. Es lo que yo denomino el ritmo natural de las cosas.

Pero he aquí que este fatídico verano están sucediendo hechos anómalos que están conduciendo a un estrés social y político que alcanza a todos los rincones del planeta:
      • Los desórdenes sociales en Brasil, con una economía en vía muerta. Ya no hay "B" en ese renombrado grupo de países (BRIC). Mandanguilla amenazante.
      • La caída del precio del petróleo a los 50 dólares/barril, con lo que otra economía emergente, la rusa, se encuentra fuera de combate. Ya no hay "R". Mandanga a las puertas de Europa vía Ucrania...
      • Tampoco parece que haya C, puesto que China está prácticamente parada, con caídas bursátiles de vértigo en la última semana. Una mandanga oriental que vaya usted a saber dónde puede terminar.
      • Nos queda India, pero tampoco creo que sóla ella vaya a hacer nada por sacar al Planeta de esta situación de nueva pre-crisis económica, social y política a escala mundial. Por ahora no parece una mandanga, más bien una pre-mandanga, pero sinceramente yo no me fío de sus estadísticas.
      • Por otra parte, las corrientes migratorias de África y Asia  hacia Europa están creando una crisis política que poco a poco desencadenará brotes xenófobos, que si no se fumigan con "xenofobicida" a tiempo, formarán fuertes ramas, árboles de gran porte e incluso pequeños bosques. La mandanga consiste en no hacer nada serio para arreglar el problema, que es lo que parece que están pensando los gobernantes europeos: "están aún en Grecia...no sé si cruzarán Macedonia...ufff, ya asoman por Serbia...parece que Hungría está construyendo un vallita....puede que resista...Austria los parará...seguro...".
Y ya volviendo a España, nos encontramos con la reforma laboral de 2012 desastrosa en cuanto a sus consecuencias sociales y económicas:
  • Salarios medios por debajo de los 900 euros/mes, cercanos al salario mínimo español, y ya por debajo de la pensión media. Esto quiere decir en un sistema de seguridad social como el español, en el que las pensiones se  basan en cotizaciones de los trabajadores y de sus empleadores, que el sistema no tiene viabilidad a medio plazo. Vaya mandanga...
  • El fondo de reserva de la Seguridad Social sigue cayendo, a medida que continuos sablazos del ministro Montoro, reducen progresiva y contundentemente su volumen total. A este ritmo, en un par de años lo habrá liquidado si es que continúa el PP en el gobierno estatal, y si sigue él como "master maravillas" de las finanzas. Otra mandanga que ya da miedito de verdad...
  • Amenazas de exclusión del sistema actual a viudas y huérfanos, precisamente los primeros que fueron incluidos en los comienzos de la luchas obreras a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Esto nos da una idea de la política demográfica que tienen en mente los gobernantes del PP con Rajoy a la cabeza: ninguna. Amenaza de  mandanga, o mandanga amenazante, vaya usted a saber cómo se puede definir tamaño despropósito.
  • Las nuevas cotizaciones aportadas por los trabajadores autónomos quedan reducidas por decisión gubernamental a poco menos que una cifra testimonial. Ni cotizan, ni tienen derecho a una pensión digna, pero a cambio, dejan de estar registrados en las listas del paro. La jugada política puede parece muy inteligente a corto plazo, pero es pan para hoy y hambre para mañana, como diría mi sabia abuela. Una mandanga muy negra, que tizna hasta a Don Limpio.
En resumen, que en una situación tan lamentable, en el que las campañas mediáticas de los adlátares del poder de la derechona española nos venden el humo de la recuperación económica en forma de miserables empleos a tiempo parcial y para cortos periodos de tiempo de contrato, con unos ingresos miserables en las familias, el gobierno del PP decide adelantar el debate presupuestario y hurtar la posibilidad de diseño presupuestario serio y responsable al siguiente gobierno que legítimamente tome el poder después de diciembre. Siento ser tan repetitivo, pero esto es otra gran "mandanga", ¿no les parece? 

Y eso que nuestro presidente de gobierno Rajoy se caracteriza por tener el récord de menciones a la palabra "seriedad" en la gestión política durante su mandato. ¿No será más bien que nos encontramos en los estertores de su gobierno de mandanga, en una prolongación mandanguil (y por tanto inútil) de un escenario político y social ya pasado de época, finalizado, muerto...?



domingo, 24 de junio de 2012

Como pollos sin cabeza...retrato de la clase política europea

Ayer sábado escuché en la única radio que aún puedo considerar "rebelde" una entrevista al sociólogo Manuel Castells con ocasión de su reciente premio de la fundación Holberg. La frase más contundente en mi opinión fue cómo puede aguantar la ciudadanía a la clase política  (española e incluso europea) que nos gobierna, en su opinión y en la mía, y creo que en la de muchos más, totalmente ajena ya a las necesidades y objetivos vitales y sociales de los habitantes de la vieja Europa, viviendo en su mundo en circuito cerrado. Les paso un enlace al corte de audio del programa para que disfruten de 10 buenos minutos de conversación inteligente, y así entrar en materia:
El retrato de la situación actual española es terrorífico. Hemos alcanzado el 22% de paro en general, y nada menos que el 50% de paro juvenil. Un auténtico disparate. Como decía Castells, sólo aguantan porque la familia les sostiene, con una edad de emancipación que alcanzó los 32 años...ridículo en su opinión, trágico en la mía. E incluso destacaría algunos aspectos ya más concretos que muestran signos evidentes de zozobra y falta de rumbo:
1 Crisis de ingresos. En una época de bonanza como la que se ha vivido en España de 2000 a 2008, la garantía de superación de los ingresos presupuestados permitió aberraciones técnico-contables como la cuenta 413, al menos en cuanto a su uso no apropiado e incluso irresponsable (ver post). Desde 2008 en adelante sufrimos una etapa de disminución aguda de los ingresos tributarios, que se resuelve con aumento de los tipos a los sujetos pasivos "controlados" y escaso aumento de la presión fiscal a los "descontrolados" (amnistía fiscal del PP, que al menos parece que será discutida por la izquierda llevando el caso al Tribunal Constitucional según acabo de saber).
2 Déficit presupuestario. Sin ingresos y con  cada vez mayores gastos (incremento del paro en más de 3 millones de personas) la tensión creada por el déficit presupuestario cercano al 11% en el 2010 lleva a un estado de alarma en nuestros socios europeos de Centroeuropa (Merkel y Comisión Europea) y a forzar al Gobierno de Zapatero a un cambio radical en su política de creación activa de empleo y de dinamización económica con ayudas públicas.

3 Crisis de nuestra deuda soberana. La escasa confianza en el modelo económico español del momento, una vez que el motor de la construcción se paró, ha dado lugar a un exagerado incremento de la prima de riesgo en las emisiones de deuda soberana española, y también en un continuo descrédito por parte de las agencias de rating, que nos dejan a pocos escalones del bono basura.

4 Devaluación-inflación. Es evidente que ese descrédito de nuestro sistema bancario da lugar a un encarecimiento de la financiación externa y por tanto a un empobrecimiento del reino de España (de los españoles y de sus empresas y negocios), llámese como se llame, y hay posibles caminos para ello.  Por ejemplo, una caída brusca y sostenida en el tiempo de los precios de los activos inmobiliarios (pisos, urbanizaciones, pabellones industriales, oficinas). Sus propietarios endeudados deben más que el valor real de mercado. El desahucio no es solución cuando ya no hay mercado en el que colocar esos activos y borrar las provisiones acumuladas por los bancos. Definitivamente son pérdidas bancarias que acaban siendo absorbidas por el Estado a través de dos caminos:
·          Nacionalizando los bancos, convirtiéndose en accionistas, esto es, asumiendo que los préstamos del gobierno, no serán devueltos. Puesto que los ciudadanos se hacen indirectamente dueños de malos negocios con deudas inmensas, se empobrecen.
·          Prestando a fondo perdido a los bancos. Solución temporal que puede servir cuando el efecto final evita mayores pérdidas al Estado. En el caso español estas ayudas, en una época de déficit fiscal abultado por la caída de ingresos tributarios, da lugar a necesidades de endeudamiento, con fuertes primas de riesgo y por tanto, también empobrecimiento general del Estado, del país, de los ciudadanos en suma. Aquí es donde el propio Castells recomendaba la película "Too big to fail"  o "Demasiado grandes para caer", en la que se denuncia el chantaje de los grandes bancos a la clase política dirigente y opositora, que se resume en ganancias privadas, pérdidas socializadas.
Caminos de salida
Los caminos para salir de esta situación de déficit presupuestario pasa por aumentar los ingresos vía impuestos  (el camino impuesto por Bruselas, FMI y por el PP en España) y/o por reducir los gastos. Vemos que los ahorros logrados con los recortes realizados en el gasto en realidad se van a dirigir a taponar la vía de agua causada en la línea de flotación del sistema bancario.
Los incrementos impositivos pueden tener un efecto contrario al que se desea. Llegará un momento en el que se pueda colapsar económicamente el país, al menos en cuanto a las cuentas "oficiales", sumergiéndose más y más la economía productiva, ya que se observa el nulo interés por acosar, desenmascarar y penalizar a los defraudadores habituales.
El gobierno Rajoy opta claramente por una política de recortes, tijeretazos (sin orden, sin plan, sin sentido los más de ellos), en sectores muy sensibles para la población, como son los de sanidad y de educación, que en cualquier caso, tienen un comportamiento presupuestario poco elástico, una vez que en algún momento se definió o al menos se decidió poner en marcha servicios nuevos o prestaciones nuevas, en muchos casos ya plenamente consolidadas entre la ciudadanía. Junto a ello, recortes en I+D, (ver post), totalmente absurdos y desatinados, y sin poder renegociar las inversiones militares comprometidas en épocas económicamente mejores.
Es evidente que España, el conjunto de las Administraciones Públicas necesitan racionalizar el gasto. Sin embargo la situación heredada-clásica española no ayuda, más bien es un ancla que nos impide avanzar, movernos con el rumbo fijado (si es que consiguiéramos fijar alguno). Podemos citar por ejemplo:
  • Presupuestación incrementalista, sin replanteamientos radicales en cuanto a objetivos de ahorro, economías de escala, etc. Simplemente se sube o se baja un porcentaje sin más necesidad de explicación. 
  • Nula atención a la liquidación de las cuentas y al impacto logrado con las políticas públicas. Los avances en evaluación de las políticas públicas son escasos, como pequeños oasis en el desierto, que sirven para animar a los que nos dedicamos a mejorar lo público, pero no se toman en serio por nuestra clase política, sin interés por su aplicación sistematizada.
  • Lentitud en la toma de datos, inexactitud, falta de automatización y mecanización de los procedimientos de medición, que hacen tediosos, caros y muy ineficientes a los procesos de control, y a que los órganos administrativos dedicados a esta tarea lleguen siempre muy tarde, años tarde por norma general, demasiado tarde para poder corregir los problemas o detectar las ineficiencias o las ilegalidades descubiertas.
Una nueva forma de presupuestar.
Pero seguramente hay otras formas de gobernar, de presupuestar y sobre todo de reorganizar la gestión pública. Insistía en otro post de este mismo blog en la necesidad de disponer de un modelo económico renovado de futuro, que se aleje definitivamente de la política del ladrillo, fácil de implementar en épocas de vacas gordas, pero desastrosa en las flacas. Se hace imprescindible e inaplazable definir a nivel nacional cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades y cuáles son nuestras oportunidades y nuestras amenazas, que es una tarea complejísima y que por tanto debería haberse acometido hace mucho tiempo.
Es imposible establecer una estrategia de gobierno nacional-estatal-autonómica-local sin ese paso previo. Lo contrario, su ausencia, nos conduce a vaivenes continuos de planes y contraplanes en los que nos desgastamos los funcionario/as que aún mantenemos la ilusión por lo público, y en los que "afortunados cazatesoros" obtienen pingües beneficios por vender al iluso o interesado gobernante la pócima de Fierabrás que resolverá de un plumazo el engorroso problema que cree haber detectado y definido como de urgente solución. Nuestros gobernantes deben dejar arrinconado su interés en definir los planes estratégicos (por incapacidad manifiesta) y dedicarse a la oscura y desgastadora de liderar la ejecución de esos planes.
Se observa claramente que aquellas autonomías y sobre todo entes locales con planes estratégicos concienzudos, y con profesionales en la ejecución de las políticas públicas, acaban destacando. Ahí tenemos al Ayuntamiento de Bilbao, que consigue equilibrar su presupuesto en épocas duras a la vez que mantiene un ritmo inversor loable. Escuchando a uno de esos técnicos en el Congreso Q-EPEAde 2012, me sorprendió al explicar una medida simple pero muy efectiva: llevar la dependencia orgánica de la presupuestación desde el área de Hacienda y Finanzas al área de Alcaldía. Es evidente que el liderazgo político efectivo necesita controlar, hacer suya, la ingente tarea de definir el presupuesto basándose en la estrategia establecida. 
Cualquier persona medianamente entendida en cuestiones de estrategia en el ámbito público, sabe que para llevar adelante esos planes, es necesario, por un lado, los recursos económicos necesarios y por otro lado, contar con el funcionariado que los sacará adelante, con o sin externalización total o parcial. Por tanto,  se hace necesario, imprescindible e inaplazable igualmente el que la presupuestación pública quede alineada alineada con la estrategia establecida  y no alienada por los departamentos o ministerios de Hacienda, excesivamente poderosos y poco proclives a presupuestar en base a procesos y carteras de servicios. Es decir, situar orgánicamente la presupuestación ejecutiva en la Presidencia, Alcaldía, Lehendakaritza...
Establecimiento de cartera de servicios. 

Los presupuestos sólo pueden construirse desde la base de que las Administraciones públicas prestan servicios y en menor medida invierten en carreteras, ferrocarriles, puertos, equipos de defensa, seguridad ciudadana... De aquella conferencia Q-EPEA 2012, algo más quedó claro, y es que en los presupuestos con visión estratégica debemos conocer muy bien qué servicios públicos prestaremos directamente o indirectamente, y por tanto, una vez establecida esa cartera de servicios, con qué recursos económicos contamos para llevarlos adelante.
La ciudadanía debe conocer de un modo transparente qué costes conlleva la "producción" de esos servicios que consume. Sólo así, podremos avanzar en un debate social público sobre qué es prioritario, quiénes serían los destinatarios que los reciban y qué nivel de prestación podemos soportar o estamos dispuestos a financiar.
Conocidos y aceptados los servicios públicos que todos deseamos tener, y también el precio a pagar, de un modo natural aparecen las críticas más o menos acertadas sobre esos costes, y de ahí las propuestas de mejora o de servicio alternativo. Ese debate, por muy minoritario que pueda ser al comienzo, por nuestra proverbial tendencia a escurrir el bulto y velar la información (escasa generalmente) de las cuentas públicas, debe llegar a la ciudadanía. Somos nosotros y nosotras los que tenemos la obligación de decidir qué nivel de servicios queremos y a qué precio. Si no nos dan la oportunidad de conocerlo y debatirlo, difícilmente podremos madurar social y políticamente. No podemos quedarnos fuera de juego, o peor aún, no pueden seguir secuestrando nuestra opinión y nuestra posición común y mayoritaria sobre todo lo que nos concierne y afecta.
Ni qué decir tiene que los indicadores o modos de medir si las Administraciones Públicas lo hacen bien o mal están lejos de ser algo habitual en la gestión pública. Bajísimo es el porcentaje de AAPP que tienen sistemas integrados de gestión de calidad, o que apuesten por el modelo EFQM. Incluso para vergüenza ajena, algunas como la Hacienda Foral de Vizcaya se ha desenganchado, sin explicar la razón.
Los costes de no calidad, tecnicismo que sólo quiere decir, hacer poco con mucho, es decir, de un modo poco eficiente, siguen sin aflorar en nuestros presupuestos, y los parlamentos, la oposición, las asociaciones y ONGs más beligerantes en el control público, siguen dando palos de ciego en su modo de controlar a los gobiernos y a las maquinarias administrativas. Pero, ¿por qué no pueden?
La razón del por qué no pueden se basa en la ausencia de un mecanismo o esquema nacional obligatorio para todas las administraciones públicas para que definan con detalle, exhaustivamente, la prestación de sus servicios públicos: qué, cómo, con qué funcionario/as, a qué precio, con qué rendimiento. En un palabra definiendo su sistema de gestión, sus procesos de trabajo, su cuadro de indicadores de rendimiento, y evaluando continuamente el impacto de su labor. 
Cuando se conocen los costes reales de la gestión de los servicios públicos y se comparan rendimientos, la ciudadanía se vuelve mucho más exigente y entramos así en el debate sobre los procesos productivos de los servicios públicos. Entonces llega el mágico momento en el que sólo se piden más funcionarios si hay mayores demandas de un servicio público y si además no se pueden reasignar de otros servicios en desuso. Entonces los planes de empleo comienzan a tener sentido, entonces también, la gestión por competencias de la masa de funcionario/as comienza a tener sentido, ya que tendremos que describir qué tiene que saber cada uno de ellos para realizar las actividades descritas, y con las herramientas (informáticas la mayoría) que precisen.
Entonces también, podremos obtener las mediciones de su rendimiento, y podremos también entonces, comparar unas Administraciones con otras, y sólo entonces, la ciudadanía podrá exigir las mejoras de esos rendimientos cuando sean inaceptablemente bajos, cuando los costes sean inasumibles, cuando las ineficiencias queden al descubierto, y sólo entonces. De cualquier otro modo, simplemente es imposible, puesto que no podemos dejar al "mercado" que elimine a los malos gestores públicos, porque sabemos que el "mercado" no busca la universalidad. Y tampoco podemos dejar a la "tecnocracia" la definición de lo que es bueno para el pueblo y lo que no es bueno, decidiendo por ellos, algo que los extintos gobiernos comunistas dejaron bien claro al resto del mundo tras el colapso de su modelo económico centralista y centralizador.
Y dice bien Fernando Mora en su blog  Errepeté, en una reciente entrada, que el control de la actividad administrativa es fundamental (recomiendo su lectura). Pero aquí debo resaltar una actividad previa muy importante y que los que trabajamos siguiendo la norma ISO-9001 de calidad (o cualquier otra norma) sabemos bien, que para controlar, para verificar que se alcanzan los objetivos que nos hemos impuesto, debemos medir nuestra actividad y el impacto logrado. Sin datos fiables no podemos controlar nada. Queda todo en opiniones "opinables" cuando menos, que suele dar lugar a la aparición de "pescadores en aguas revueltas" totalmente interesados, que buscan su propio beneficio en lugar del de la organización, departamento, ayuntamiento, ministerio o lo público de un país al que sirven o dicen servir.
Y para muestra un botón, puesto que les voy a exponer un ejemplo que tengo muy cercano, con datos reales. En 2003 en el Departamento de Promoción Económica (fusión de los departamentos de Empleo y de Innovación desde 2009), a iniciativa de sus técnicos de organización se planteó la implantación de un sistema de gestión ambiental, que fue certificada bajo norma ISO 14001 ese mismo año.
Desde 2008 se une a la ISO-14001 la certificación ISO-9001, con un alcance en principio menor, los servicios generales del Departamento, núcleo central de servicios transversales, pero con un importante impacto en el liderazgo técnico-organizativo de todas las actividades del negocio principal del departamento: las políticas públicas en materia de fomento del empleo, del talento y de la promoción económica.
Desde entonces hasta el momento presente, el sistema ha sido sometido a auditorías internas y a externas, con procesos de recertificación cada tres años. Los planes de mejora derivados de la gestión del sistema han dado lugar a los siguientes ahorros:






Nada menos que un 2% anual sostenido del presupuesto del programa de Administración General del Departamento de Promoción Económica. Los resultados son elocuentes. Pero al mismo tiempo, no nos olvidemos del impacto ambiental que ha supuesto en ahorro de toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera. Ahorro energético y disminución del impacto ambiental van de la mano.

No cabe otra conclusión que calificar esta experiencia de ya  9 años de inmejorable. Y ello a mi modo de ver se ha conseguido por dos razones principales:
  • Por el evidente ahorro logrado, reduciendo los impactos ambientales de la actividad administrativa, y de ahorro económico significativo en un área de servicios generales a la que nadie le presta la debida atención y que está en el núcleo duro de lo que llamamos despectivamente como burocracia.
  • Por el magnífico ejemplo que supone la gestión administrativa guiada por un sistema de planificación y trabajo basado en procesos, gestión por competencias, mediciones mecanizadas de indicadores de eficacia, eficiencia, y por la incorporación de la mejora continua.
 Pero sobre todo por el abandono de la tradicional excusa de los funcionarios pusilánimes, apoltronados y comodones, que reza "eso no se puede hacer" y del gran pseudo-objetivo de los que pertenecen a esa grupo:  "para qué cambiar". En unos momentos de abandono por parte de algunos departamentos de las políticas de calidad y excelencia en la gestión, de tijeretazos a ciegas, o peor aún, realizadas sin fundamento político y sobre todo social, sin indicadores de eficiencia en los que basar sus decisiones, apuesto firmemente por un modo sistemático y sistematizado de gestionar lo público, basado en una dirección pública profesional, en el establecimiento de carteras de servicios públicos, con costes reales, con indicadores universales consensuados, con metodologías de medición auditables y con rendición de cuentas en tiempo real, con total transparencia de nuestra gestión ante los ciudadanos. Las pruebas son evidentes, ya que los números hablan por sí mismos. Aquí no hay trampa que valga, las facturas de los proveedores están disponibles para quien quiera auditarnos "de nuevo". Ahí dejo el guante para quien se atreva a recogerlo.





domingo, 18 de diciembre de 2011

Transparencia (2): hablemos de funcionario/as.

Me quedé con hambre investigadora, una vez que tuve en mis manos esa gran montaña de datos que me proporciona el actual nivel de transparencia de las Administraciones Públicas españolas. Y a raíz  de la polémica levantada por el presidente de la CEOE la pasada semana se ha abierto un debate en LINKEDIN dentro del grupo Administración Inteligente, acerca del coste real de mantener a tanto funcionario y funcionaria ahora que estamos tan mal, pasando las penas del Purgatorio, e incluso alguno/as ardiendo en medio de las llamas del Infierno. Las intervenciones son realmente muy interesantes y arrojan luz sobre los males que afectan a la Administración, la falsa impresión de que los sueldos son elevados (en términos generales) comparados con los del sector privado y sus posibles causas. Creo que es interesante dirigir a los lectores si tienen interés en ampliar la información que aquí muy resumidamente aporto (ir al debate).

Pero volviendo a los datos municipales de Bizkaia y enlazando con el debate sobre los gastos de personal del funcionariado en nuestras Administraciones Públicas Locales, he obtenido el siguiente gráfico que puede ser muy ilustrativo:

Elaboración propia a partir de datos de 2009 del Ministerio de Economía y Hacienda.

Podemos observar en color azul el ratio de gastos de personal frente a gastos totales. Ha sido enormemente llamativo observar cómo los municipios medianos (nº de concejales entre 17 y 25) alcanzaban tasas cercanas al 40% de gasto total en empleados públicos. Curiosamente Bilbao rompía la tendencia y aunque no lo puedo aseverar, quizá tenga que ver con el número de sociedades municipales que tiene en su órbita, y por tanto, consolidadas presupuestariamente pero ya en otras partidas (transferencias corrientes y de capital  , ya no recibidas, sino emitidas hacia esas sociedades entre otros destinatarios, por un monto cercano a 130 millones en 2009). Es decir, que bien podría tratarse de un ejemplo de lo que se conoce como externalización de servicios públicos, que sólo tiene reflejo en la propia Diputación Foral.

Ahora bien, las cifras parecen penalizar a los ayuntamientos medianos, como más gastadores en su personal. Como no me cuadraban los números, sobre todo, por la enorme diferencia encontrada entre unos y otros, de hasta 3 veces más entre municipios muy pequeños y municipios medianos, pasé a analizar los datos de acuerdo con la clasificación funcional, es decir, "para qué" están gastando los muncipios, con qué objetivo. En este caso, apareció una columna relacionada con los programas de gasto de protección civil y seguridad ciudadana, que en muchos de ellos aparecía con valor cero. No se trataba de un error puesto que al conocer a quién le correspondía, siempre aparecía un municipio pequeño o muy pequeños. Parece que la clave se encuentra en esa columna, ya que ni tienen policía municipal, ni protección civil ni mucho menos un cuerpo de bomberos. De modo que preparé un dato corregido de gastos de personal, descontados los gastos imputados a programas de protección civil y seguridad ciudadana (admito que alguno de esos gastos son también de compras de vehículos especializados y de funcionamiento propio de la policía municipal y de bomberos, pero el grueso siempre son los gastos de su propio personal). Con ese dato corregido, la comparativa es mucho más homogénea, situándose casi todos los municipios en torno al 20% de su gasto total empleado en pagar a sus funcionario/as.

¿Es mucho o es poco? Pues como siempre, depende de la satisfacción de la ciudadanía con la prestación de los servicios que realizan esos funcionario/as. Pero al menos, sabemos ya, gracias a la transparencia (publicidad de datos económico-presupuestarios de las cuentas municipales) qué cuesta o mirándolo desde el otro punto de vista, qué nos ahorraríamos si prescindiéramos de ellos. ¿Lo haría más barato la iniciativa privada? Lo dudo mucho, ya que aquí no tenemos que pensar en ningún beneficio empresarial. Porque si algo debe quedar muy claro a los lectores es que no está demostrado que la iniciativa privada lo haga mejor que la pública en aquello que hace la pública.

Aún así, queda por averiguar cómo repartimos esos costes de personal funcionario entre los ciudadano/as de cada municipio. Y para eso, no hay como hacer una división del gasto de personal entre los habitantes de cada pueblo. Aquí vienen los datos:

Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Economía y Hacienda.
En promedio, vemos que un ciudadano de Bizkaia, si no tenemos en cuenta el pueblo en el que vive y paga sus impuestos, está soportando con unos 400 euros/año los gastos del personal de su ayuntamiento. Si lo miramos segmentado por tamaño en población del municipio, aparece otro dato significativo. Los municipios muy pequeños cargan a sus habitantes con casi 250 euros más por habitante y año. Tal vez sea poca gente para una estructura municipal demasiado grande, pero debe quedar claro que son los habitantes de cada municipio los que deben conocer en detalle cuánto les cuesta anualmente a cada uno de ellos, y si por tanto les compensa el esfuerzo extra.

En resumen, datos para la reflexión y análisis. Por supuesto, que si alguien quiere información detallada a nivel municipal del año 2009 puede pedírmela. Si hubiera interés podría hacerla pública a través de Google Docs. Todo sea por la transparencia, el conocimiento de causa, y en definitiva, la mejora de los servicios públicos.

sábado, 9 de julio de 2011

Agencias de calificación versus calificados indignados

La noticia no podía ser más terrible, no sabría cómo decirlo en casa...¿Cómo había podido ocurrir? Tanto esfuerzo para nada, nos han suspendido...esta ha sido la gran noticia económica de la semana.

Efectivamente, esta justificación tan infantil, que tantas veces hemos utilizado o hemos oído cómo la utilizaban y la utilizábamos en nuestra juventud la hemos vuelto a escuchar, a leer en los medios de comunicación. Vaya lío, vaya lío en el que estamos. Y como ocurría entonces, enseguida empezamos a mirar en la lista de resultados a ver si hay alguien conocido que le haya ocurrido lo mismo. Ya se sabe, ya sabemos, que mal de muchos consuelo de tontos...

Pero, ¿somos tan tontos como parece deducirse de los resultado de estas agencias de calificación, o es que son malos, muy malos correctores-calificadores de exámenes, durísimos, extremadamente duros, lo que llamábamos entonces "profesores hueso" o tal vez ambas cosas a la vez?

Para empezar, debiéramos precisar qué son las agencias de calificación, o más bien, qué deberían ser. Recomiendo a mis lectores que sigan este enlace wikipedia_agencias_calificación. La definición que da es simple pero clarificadora: "Las agencias de calificación de riesgos, agencias de clasificación de créditos o agencias de rating son empresas que, por cuenta de un cliente, califican unos determinados productos financieros o activos ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales (estados federados, comunidades autónomas)". Sí, sí, han leído bien, actúan por cuenta del cliente, en nuestro caso de estados o gobiernos regionales, que le piden a las dichosas agencias que les pongan una nota, es decir, que les valoren su riesgo de impago y el deterioro de su solvencia como emisor de títulos de deuda en forma de letras del tesoro, bonos, obligaciones, etc. Lo cierto es que muy raras veces se nos ocurre pensar que las letras del tesoro que compramos, es decir, dejando nuestro dinerito en préstamo al Estado o Comunidad Autónoma, a un interés prefijado, pudiera no llegar a ser devuelto...Bueno, pues con este parrafito técnico creo que nos hemos situado en harina.


La gran pregunta del lector/a perspicaz sería...¿pero si tan mal califican a España, o a Grecia  o Irlanda...por qué se empeñan nuestros gobernantes en acudir a estas agencias de calificación, y para mayor indignación del ciudadano de a pie como, que como yo, se entera ahora de todo esto, pagándoles por ese servicio. Mejor sería no acudir dónde ellas o incluso no acudir en absoluto. 


Pues sigo leyendo el artículo de Wikipedia y un interesantísimo artículo de El País del 7 de julio pasado (recientito) de Claudi Pérez que recomiendo, y me entero de que el propio Banco Central Europeo (además de la propia Reserva Federal Americana, lo que es lógico siendo americanas esas agencias) mantiene una norma obligatoria para todos los estados miembros por la que es necesario tener calificada una emisión de deuda soberana si quieren operar en la ventanilla del banco central. Bueno, bueno, esto es de traca. Nosotros mismos, nuestro propio sistema central de bancos facilitando el oligopolio. Porque ya me dirán ustedes qué es un mercado dominado al 90% por tres agencias, y diría aún más, oligopolio norteamericano, porque esas tres agencias tienen su sede allí. Ahora encuentro una razón a tanta crítica al euro y a las autoridades monetarias europeas y a los gobiernos europeos en general. Una soterrada guerra entre el antiguo todopoderoso dólar y el joven y pujante euro está detrás de todo este embrollo. 


¿Y si no acudimos en absoluto a pedir esos servicios de calificación? Podría ser una idea...pensémoslo detenidamente durante unos minutos. Necesitamos que nos califiquen nuestras emisiones de deuda porque nos obliga el Banco Central Europeo y los bancos centrales en su caso, si queremos que sea emitida en un mercado internacional. En otras palabras, que vengan los chinos a comprar nuestros bonos...porque esa era la idea del viaje de Zapatero a China hace unos meses. Aquello no quedó bien retratado en los medios, pero es indudable que la cuarta agencia de calificación Dagon Global Credit Rating (china por más referencias) parece que no lo ve tan, tan negro como las americanas...es decir, que no nos ven tan mal.


Volviendo al hilo de mi argumentación, si no queremos que nos califiquen, no podemos acudir al mercado internacional...nadie de fuera podrá invertir en activos nuestros, en este caso, financieros. Y ahora la otra gran pregunta: ¿podemos como país, como comunidad autónoma autofinanciarnos? Porque ya me dirán ustedes dónde demontres se va el dinero recaudado en impuestos, si finalmente no es suficiente para pagar todo lo que estamos haciendo los que trabajamos en las distintas Administraciones Públicas. Es decir, que nos expliquen con pelos y señales por qué surge ese déficit. ¿O es que no somos capaces como nación o como autonomía o como municipio de ser conscientes de que no somos tan ricos y que tenemos que pedir prestado, y que nadie se fía de nosotros porque unos americanos van soltando bulos por aquí y por allá sobre nuestra capacidad de devolverlos, y encima, y para más recoña, porque se lo hemos encargado y pagado nosotros? ¿Tan idiotas, prepotentes e irracionales somos? ¿Es que no somos capaces de analizar a fondo y hasta el final las cuentas públicas para decididr entre todos y todas qué inversiones y gastos son imprescindibles y dónde sí que podemos esperar para momentos más oportunos? 


Como primera propuesta: por favor señores y señoras jefes de estado de la Unión Europea...pónganse las pilas e inventen una nueva institución europea independiente y ágil que se encargue de evaluar y calificar la deuda soberana de los Estados, regiones y municipios europeos. El libre mercado no generará nunca lo que necesitamos y menos cuando partimos de una situación de oligopolio norteamericano. No podemos seguir así, bajo la constante amenaza de informes que sólo buscan su autojustificación. Tenemos que dar un paso adelante ya.


Y esta es mi segunda propuesta: incorporar la contabilidad analítica de costes a todo el entramado de gasto administrativo público para saber con pelos y señales en qué estamos gastando y con qué grado de eficiencia lo hacemos. Tenemos que ser capaces de establecer un presupuesto y gasto público dinámico, que permita conocer en pocos días, semanas, cómo nos está yendo en el apartado de ingresos para determinar cuánto podemos gastar, que anticipe escenarios, que utilice en su máxima potencia las herramientas informáticas y de gestión administrativa de que empezamos a disponer. Los instrumentos actuales nos demuestran que no son suficientes, son lentos en la aportación de información analizada, diferenciando gestión de resultados, y que provocan oscurantismo en su publicidad hacia la ciudadanía y que por otra parte los malos políticos, irresponsables, sean capaces de actuar sin freno.


Ya es hora de un nuevo post en el que trate el laberinto de la presupuestación pública y que he venido rumiando lentamente desde hace muchos meses. Les avisaré...